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Literatura, identidad y autores del Brasil actual

Óscar Checa

A

rrastrando una historia extremadamente compleja de explorar, Brasil se pasea con su cara lavada. Desde Europa, tras la elección del presidente Lula en 2001, este país se percibe como un país unificado. Pero Brasil es muchos Brasiles: diversidad de paisajes, de geografías, mestizaje, regionalismos… ¿Dónde se encuentra esa unidad, ese sentimiento nacional común a todos, más allá, claro está, de los simpáticos estereotipos como el fútbol, el samba y el carnaval? La unidad -dicen los apasionados y estudiosos de Brasil- pasa por la lengua portuguesa (brasileña); una lengua hablada por la totalidad de sus habitantes y que facilita el mestizaje.

A través de la lengua, de la lengua escrita, a través de la literatura y las diferentes corrientes que han marcado cada época o que han seguido los escritores, se puede ir desenmascarando la gestación de esa identidad. Tras la independencia en 1822, los escritores utilizaron los modelos del Romanticismo y más tarde del Naturalismo. Ambas corrientes contribuyeron a sentar la imagen de los Trópicos y los indios, el colonizador y el esclavo, etc. Después vino el movimiento Regionalista para dar testimonio de las desgracias de cada región; el Modernismo, que quería hacer patente el Brasil profundo y, más recientemente, el Tropicalismo, dando paso a toda expresión de la cultura sin crear una jerarquía entre ellas. Pero en la literatura brasileña contemporánea, ¿podemos encontrar un movimiento estructurador?

La realidad de Brasil se ha vuelto todavía más intrincada y espinosa, laberíntica, complicada y múltiple. Las nuevas generaciones de autores hablan de la sociedad brasileña pero muchos de ellos se oponen a esa visión siempre exótica de Brasil y se abren a nuevas reflexiones.

Aunque el marco literario actual de este país está marcado por escritores individuales y por una "narración individual" podemos encontrar un hilo común en muchos de ellos; ese elemento constructor de identidad que vendría a ser, efectivamente, la lengua, la experiencia del idioma como algo íntimo y la imperiosa necesidad de comunicación del ser humano. Tres autores. El otro exotismo.

Chico Buarque - Budapest

Un aeropuerto es la actualización de la Torre de Babel. Así lo siente José Costa, protagonista de Budapest, tercer libro de Chico Buarque. Costa vive de la escritura: artículos, discursos, autobiografías… Es un "negro" que escribe admirablemente. Por una casualidad, José Costa recala en Budapest y descubre el exotismo de la lengua húngara. Hipnotizado por ese idioma dejará Brasil, su país, su trabajo, su mujer y su hijo para instalarse en Budapest, donde se transformará en otra persona (Zsoze Kòsta) gracias al idioma húngaro.

Con una buena dosis de humor y una escritura tan pulida que resbala por la página, Chico Buarque nos enfrenta a una experiencia maravillosa: la construcción de la personalidad determinada por la lengua, por el idioma.
La relación del personaje con la lengua pertenece a la esfera de lo íntimo, de lo personal. Es una relación forzosamente sexual, "… tenía la impresión de mantener una relación con la mujer de otro"-dice José Costa, o "…consumó el acto gritando palabras góticas" y entre dos seres (la historia está marcada por la dualidad, la duplicidad: dos José Costa, dos mujeres, dos hijos, dos libros…). Una relación con las palabras que pretende encontrar la respuesta a varias preguntas: ¿cómo conseguimos comunicar con el otro? ¿qué clase de comunicación tenemos con las personas que nos rodean?...
Nadie mejor que un músico-escritor para hablarnos de la relación entre lector y autor, las cuestiones que plantea la traducción, el poder evocador y de conquista de las palabras, la sonoridad el lenguaje…Un tour de force literario que nos revela todos los seres que cada uno de nosotros somos.

Bernardo Carvalho - Mongolia

Todo libro que contenga en sus primeras páginas un mapa tiene algo de mágico, exótico y maravilloso, como los libros que leíamos de pequeños de aventuras piratas, cámaras secretas y viajes increíbles. Al encontrarme un mapa como aquellos en el último libro de Bernardo Carvalho, “Mongolia”, supe que las siguientes doscientas páginas no iban a defraudarme en absoluto.

Mongolia sigue la estructura del anterior libro de Carvalho, “Nueve Noches” (Premio Machado de Assis y Premio Jabuti de Brasil): un intercalado de textos de diferente narrador que se complementan hasta revelarnos el siempre sorprendente e inesperado desenlace.

“Mongolia” es la historia de una búsqueda: un hombre intenta dar con el paradero de otro que ha desaparecido en ese país asiático. Ambos escriben un diario que, completado con la voz de un tercer narrador, nos hace una disección de un mundo y una sociedad que nada tiene que ver con lo que conocemos.

El elemento guía de esa búsqueda, la brújula, es el tema de la comunicación tratado desde infinitos puntos de vista: ¿cómo entrar en relación con lo que nos es extraño? ¿somos capaces de comprendernos verdaderamente? "sólo vemos lo que estamos dispuestos a ver". Así, esa búsqueda pasa también por el intento de descifrar y entender el mundo mongol, lo que llevará a los personajes al descubrimiento de su propia identidad.

Moacyr Scliar - La mujer que escribió la Biblia

Al leer "La mujer que escribió la Biblia" nos sentimos confrontados a una hilarante sesión de psicoanálisis que va desvelando lentamente el secreto del comportamiento humano. Las relaciones entre los hombres de hoy en día difieren en poco de las de los hombres de hace dos mil años. Moacyr Scliar hila fino y a través del humor no deja títere con cabeza: el sexo, el machismo, el feminismo, la religión y el fundamentalismo religioso, el poder…todo pasa por su criba.
La claridad narrativa y ese método de "la Historia como exorcismo" nos liberan de alguna forma del peso de la incomprensión. A modo de fábula, “La mujer que escribió la Biblia”, se construye en torno a dos ejes: la escritura y el sexo (véase el amor). Los personajes, ferozmente aislados en infinitas torres de marfil, buscan la sabiduría, el conocimiento y aprenderán unos de otros de manera casi inconsciente. Moacyr Scliar, miembro de la Academia Brasileira de Letras desde 2003, dejará que estos personajes que "no encuentran su lugar en este mundo" se construyan y se descubran a través de las palabras y la lengua.

Conclusión

Durante mucho tiempo, un gran autor representaba la literatura brasileña. Hoy asistimos a un redescubrimiento de la literatura de ese país, una nueva generación de escritores que intentan establecer un nuevo modelo.

Cuando hablamos de Brasil, de Brasil en literatura, posiblemente buscamos lo exótico, sea por costumbre, defecto o de manera intencionada. La nueva generación se opone a esa visión.

Reconocen que el exotismo ha sido importante para la construcción de una identidad nacional en el siglo XIX, pero desde entonces las cosas han cambiado. Se diría que lo que se quiere es que las historias sean verdad en sentido literario y no tanto en sentido de la realidad.

La literatura brasileña se mira desde el interior y escribe por y desde el interior. El exotismo sigue estando presente pero ahora es la visión de algo exterior a Brasil, una serie de realidades que hacen ver el mundo de manera diferente: la lengua, las costumbres, los países alejados o más o menos recientes. El exotismo es la mirada del otro.

No es extraño que estos tres autores hablen de Mongolia, Budapest y el Israel - Oriente Medio (de hace más de dos mil años). Las historias que se pueden crear con este telón de fondo se construyen necesariamente con aquellos materiales.

El análisis de estas tres obras, tanto como su lectura individual, es un verdadero placer que nos revela infinidad de elementos comunes. Trama casi policíaca, multitud de personajes, reflejo de la confusión e incomprensión moderna, el sentido de la ironía y el humor, la fuerza insospechada de unos personajes marcados por destinos poco alentadores, el tema del viaje como iniciación y el esbozo de un sistema metaliterario o metalingüístico serían algunos de ellos.

La renovación de la literatura brasileña está en marcha. Lo único que deseamos es que los próximos libros de estos escritores, así como del resto de sus compatriotas, ofrezcan una cercanía y una frescura tan vehemente como los aquí tratados.


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