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esús Mateo nos recibe en la iglesia de San Juan Bautista de Alarcón, que alberga sus impresionantes pinturas murales. Sorprende el contraste entre su juventud y la madurez con que expresa sus ideas estéticas, su hablar pausado, reflexionando cada término, pero sin imposturas. El flujo constante de su voz recoge nuestras insinuaciones y las desarrolla apaciblemente, como si fuéramos viejos conocidos charlando de temas largamente frecuentados. Rodeados de su obra, casi sobrecogidos por su grandeza, sus palabras se van encarnando en las figuras que cubren las paredes y la bóveda y nos adentran en un mundo desconocido pero presentido, cargado de alusiones y significados, en aquello que precede al propio tiempo.
Los inicios.
Al principio todo fueron dudas. En mí confiaron cuatro personas y con las naturales reservas. Un chico de 23 años frente a toda una iglesia. Imagínate: ¿la terminará? ¿nos dejará tirados a mitad de proyecto? ¿se volverá loco? Luego, las elucubraciones de la gente: que si yo era masón, que si esto eran símbolos esotéricos, etc. Hay muchas anécdotas. Ha sido un camino difícil y, la verdad, de empezar como se empezó, con lo puesto, hasta conseguir el apoyo de la UNESCO, del Ministerio de Cultura, de centros de arte, etc. hay un largo trecho, arduo y trabajoso. Incluso en 1997 estuvieron a punto de cortar la subvención; aunque gracias al apoyo de Luís, el párroco de Alarcón, de la Iglesia y la Asociación se siguió adelante. Y hablando de anécdotas, fijaos si es casualidad el hecho de que yo conociera a Luís, y le propusiera hacer esto, el 11 de junio de 1994, y que se inaugure el 11 de junio de 2005. Pues ni él ni yo decidimos ninguna de las dos fechas.
El trabajo.
Yo pinté la iglesia de noche. De hecho, todo lo bueno y lo malo que he hecho en mi vida lo he hecho por la noche; de lo hecho por el día no tengo mucho que contar. Soy más mochuelo que alondra. Yo venía aquí a las siete o las ocho de la noche y hasta las seis o las siete de la mañana no paraba. Comía, cenaba y desayunaba en el Parador. De hecho, llegué a estar tan encerrado que cuando llegaba a mi casa de Cuenca las dimensiones de las habitaciones me parecían de broma, y eso es malo, porque después cualquier proyecto te parece pequeño, casi miserable. Hay que pensar que yo he estado desde los 23 años dominado por esta obra, y hay un momento en el que te tienes que liberar, que volver a recuperar tu sitio; aunque echar la vista atrás y ver la obra acabada es un sentimiento ambivalente, entre la pena y el orgullo: pena por dejar atrás lo buenos momentos vividos y orgullo por lo que has hecho. Porque a mí lo que me queda realmente es el recuerdo de todos lo momentos en los que yo estuve aquí, trabajando, los momentos del proceso creativo que nadie más que yo puede vivir. Lo realmente importante es que esto forma parte de un camino, de un proceso que va desde lo bocetos originales, que no tienen nada que ver con esto, hasta las pinturas murales. Si yo hubiese continuado aquí tres años más lo que se puede ver ahora se hubiera modificado en gran medida. Esto forma parte de un momento concreto.
Los momentos difíciles.
Esto es muy distinto a trabajar en el estudio, con otros materiales. Es lo malo y lo bueno de trabajar en soledad: hace es que seas más tú, que te encuentres; pero yo aquí también lo he pasado muy mal, porque he estado totalmente solo mucho tiempo. No solo físicamente sino también espiritualmente. He sido un tumor que ha ido invadiendo el espacio, llenándolo de alma. Pero tan solo he ido ganando batallas porque la guerra está perdida siempre. Porque al final ya no eres tú, no te acabas de reconocer en la obra. Es como cuando miras las fotos de tu infancia. Una vez que la obra se crea vive fuera de su creador, por sí sola. Fuiste tú y ahora es ella.
La arquitectura.
Cuando yo entre en la iglesia por primera vez todo era más pequeño. Ahora es muchísimo más grande. También era oscuro, pero ha habido una explosión de color dorado y de colores vivos que, junto a la luminosidad de la bóveda, han hecho aflorar el esqueleto, la escultura que toda arquitectura contiene. Ha surgido el esqueleto del gigante. Toda esa piedra, las formas, la limpieza, la depuración, la simetría, en pura contradicción con la asimetría del proyecto. La línea recta en oposición a la curva; diálogo y ruptura al mismo tiempo que hacen que surja la armonía de una pintura que ha de estar permanentemente conviviendo con la arquitectura. El espectador es un puro residuo temporal, es lo otro lo que se queda. También la luz está en armonía, con unos focos de colores tenues que potencian los colores y a la vez les devuelven su originalidad, tal y como nacieron, de la noche. Por el día hay colores que vibran con violencia, pero el color más parecido al original es el de las luces tenues de la iluminación artificial.
La iglesia.
Para pintar la iglesia como un todo era importante saber por dónde empezar. Por que al principio no se contemplaba ni la bóveda ni el coro (tal vez por un problema presupuestario) aunque yo en mis bocetos ya lo incluí, ya que pretendía crear una obra cerrada, circular, total. Por eso empecé por la zona del altar mayor, que es lo primero que se ve al entrar, y que era una parte más barroca, con elementos menos comprometidos o violentos. Lo último que se pinta es la bóveda, que es que más llama la atención al visitante al principio. Los seres menos dinámicos, más rotundos, que flotan por los arcos, son el resultado del itinerario artístico, que es circular, infinito; que no empieza ni acaba porque nunca se rompe. De esta manera, a pesar de haber un itinerario pictórico, los diferentes elementos de la iglesia se integran y hacen que se vea como un todo, sin fugas ni interrupciones.
Las pinturas murales.
En las paredes de la iglesia se ha intentado crear un caos controlado con unas fuerzas que representan la vida en diferentes planos, desde el suelo hacia arriba y desde la bóveda hacia abajo. Muchas de las formas que se aprecian están asociadas a lecturas, como por ejemplo, La cuna de la vida de Sof, que habla del cámbrico y del precámbrico, del inicio de la vida, del agua, de los elementos primarios. Luego, conjuntando esta y otras lecturas con sueños, con estados iniciales, con estadios primarios, fetales, anteriores al nacimiento, se estructuran una serie de formas que tienen esa apariencia embrionaria, esencial, primaria, de origen (mitos de origen). A partir de estas se despliegan alrededor otras figuras con formas más complejas, más desarrolladas. Tanto unas como otras tratan de acercar al espectador a otro mundo, un universo que se aleje lo más posible del conocido, de la realidad cotidiana.
En las pinturas murales se dan la mano formas animales, vegetales y minerales, y en se mezclan estos elementos. También hay símbolos zodiacales, como el de Aries, la hoja con cabeza de carnero, que simboliza el origen. La figura tiene componentes animales y vegetales, del carnero y de la hoja seca, que deja traslucir el mito del origen, con el árbol de Jesé, y el estampado de querubines que simbolizan iconográficamente vida, inicio.
Los referentes.
En esta obra hay alusiones a toda la historia de la pintura, referencias que yo no hubiese creído asumir nunca y que están ahí de una forma natural, desde Altamira hasta Picasso, pasando por los maestros del Románico, por el Bosco, etc. Y sin embargo (o a consecuencia de ello) hay algo de rotundidad, de definitivo, en la obra. Es una obra total, un cosmos cerrado e infinito donde no hay elementos de rotura o de fuga. Hay que tener en cuenta que esto es algo soñado por muchos, y hay claves que te hacen sentir más cómodo. Son signos no reconocidos, representación de otras realidades que afrentan en una evolución posible, paralela a la evolución natural.
Las dudas.
Esto está lleno de dudas, de vueltas atrás, de negaciones. El proyecto entero está hecho a partir de la negación y no de la afirmación. Lo que ocurre es que el hecho final es una afirmación del yo, del acto creativo y de aquello en lo que el proceso creativo desemboca: en la reproducción de un momento concreto del yo. A medida que se van moviendo los andamios, la propia mano va creando otros seres, otros elementos, fuera del boceto original. Los conocimientos posteriores se superponen a veces a los precedentes y eso se plasma como una traición del yo anterior. Y no es fácil porque volver atrás, negar, es matar a un hijo, destruir parte de ti mismo. Esta parte de sacrificio no se ve en la obra, pero es parte fundamental de esta.
Las reacciones.
Este es un lugar que no deja a nadie indiferente, ya que es una obra total. Una de sus particularidades es que en torno a ella se ha desarrollado un corpus literario importantísimo, que yo no soñaba ni por asomo. Autores de la talla de Gustavo Bueno, Arrabal, Sábato, Saramago, Rosa Mateo (que fue la primera en verlo) han escrito sobre la obra, incluso más de una vez. Y les ha entusiasmado, lo que para mí es un orgullo. Sábato lo ligó a su obra literaria: la isla de la Creación e Ítaca, el destino final de todo creador. Él agradeció mucho el poder haber visto el mural de la creación y acercarse en gran medida a la experiencia que había escrito. También han estado aquí pintores, como Antonio López. Es muy curioso, a los pintores no hace falta explicarles nada, perciben todos los aspectos de la obra (también es lógico) más espontáneamente. Aunque cada uno, con su sensibilidad, ve ciertas cosas concretas y percibe mejor según qué partes.
El mercado.
Si esta obra tiene grandeza es porque es una obra pública. Esto le da una dimensión que no tienen mis otras obras. El resto de mi obra es muy hermética, por lo que no la aceptan en muchos sitios, ni yo lo quiero. Yo jamás he expuesto en una galería de arte. La gente que quiere ver mi obra tiene que venir a mi estudio. No es que no haya conexión entre mi obra y el mercado, es que la percepción que tiene el receptor, en mi estudio, contemplando el marco del proceso creativo, es diferente. Es como estas pinturas murales, que también se relaciona con el espectador de una forma muy diferente de lo habitual. El espectador, la obra y el creador entran en comunicación de una manera también diferente. No me gustan las presentaciones donde el pintor te explica una película con un canapé, ni los museos donde un bedel te vigila para que no te acerques al cuadro. Estas obras están totalmente descontextualizadas del proceso creativo que les ha dado a luz. Y eso es por lo que hace tanto daño la mala crítica, las galerías de arte, las instituciones culturales , los medios de comunicación dirigidosdeberían estar en los círculos más profundos de los infiernos dantescos, precisamente porque no reconocen ni tienen en cuenta al proceso creativo como fundamento del arte. Simplemente lo ignoran.
Lastres.
Cuando estás pintando esto, sales de aquí y cuando ves algo artístico, te das cuenta de que estas sumergido en un mundo que no tiene nada que ver con la realidad del momento. Y eso no es bueno. Incluso necesitas un periodo de desintoxicación. Yo he tenido que estar en Cuenca, en mi estudio, trabajando un par de años en papel y en cartón, en materiales pobres, en contraste con la riqueza de esta iglesia y con reducción de color, con negro y blanco, para poder contrastar con la exhuberancia cromática de los murales.
Proyectos.
Una vez que se acaba esto das fin a un momento. Está concluido y ahora vienen otros momentos: recientemente he terminado una suite ibérica que consiste en cien piezas en cartón de carácter orgiástico, con acumulaciones de elementos y formas entresacadas de fetiches y estatuas fúnebres, e influenciadas por las lecturas de Freud. Esta serie es una porción más de tu vida, un momento distinto que empaquetas y ¡a por otra! Lo importante es disfrutar durante el trabajo, pintar lo que quieres y en el momento en que quieres. Yo he pasado muchos meses sin pintar y no ha pasado nada.
Volver a empezar...
No lo sé. Esto es fruto de la casualidad y la casualidad no se puede buscar. Yo no soy un pintor muralistas, ni pinto iglesias y ni siquiera sé si soy pintor, ni si quiero ser pintor. Mi necesidad actual, afortunada o desgraciadamente, es pintar.
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