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Encuentro con novelistas portugueses

Entrevista a João de Melo, Teolinda Gersão, Urbano Tavares Rodríguez y José Luis Peixoto

Lugar: La Pedrera, 23 de marzo de 2004
Fotos: Jordi Tarrés

Fernando Clemot y Jordi Gol

P

regunta: ¿Sería Posible definir una unidad en la literatura portuguesa teniendo en cuenta las distintas naciones y los distintos continentes en los que se genera?

Urbano Tavares: En un tiempo lo hubo, sin duda, pero después de la Guerra Colonial, del 25 de abril, de la entrada de Portugal en Europa, todo esto cambió. Aparece de forma menos clara y sin duda tenemos un problema de identidad. Es una cuestión importante y de constante actualidad. Ahora, si me permite comentarle, nosotros tenemos una palabra muy propia que me gustaría resaltar, “saudade”, un termino que no permite traducción y puede ayudar a definir algo el universo de las literaturas lusófonas. Hay algo común, sí, un trazo general, hay una vocación atlántica en todas estas naciones de África, de una lado y otro del Atlántico. Compartimos una lengua pero también hay una delicadeza semejante aunque quizá sea el término citado, “saudade”, el rasgo más general y hermoso de todos ellos.

Teolinda Gersão: Desde mi punto de vista no hay escuelas comunes, habría más bien puntos de vista coincidentes entre los escritores de una misma generación. Habría en las literaturas que engloba nuestra lengua, como tan bien ha descrito Urbano, un fondo, una mirada común. Pero las literaturas se han ido diferenciando con el tiempo y los acontecimientos políticos.

J.L Peixoto: Hace ya tiempo que las literaturas, sobre todo la brasileña, se han ido separando, ahora hay una serie de literaturas autónomas, con sus temas y referencias. Es un fenómeno que me parece bastante saludable.

Urbano Tavares: Entre los escritores portugueses actuales sí que encontraríamos rasgos comunes, una cierta complicidad a la hora de afrontar la novela, en la ejecución literaria. Estas características no los encontramos en los escritores africanos, y todavía menos con los brasileños, en los portugueses sí, insisto, veo conexión, factores muy generales.

João de Melo: Creo que habría que distinguir claramente dos bloques; el portugués, unido a las colonias africanas hasta hace poco y el brasileño. Entre las dos el tema de la unidad es un tema antiguo, dura casi desde que llegaron las naves allí, hace quinientos años, y esconde otros condicionantes... En el caso de los países africanos es diferente. Son literaturas emergentes, muy jóvenes, aunque desde mi punto de vista el hecho de la aparición de un estado no significa necesariamente que con él aparezca una literatura. Ha de existir antes un proceso literario, un camino que se ha de recorrer para que se pueda justificar una literatura autónoma identificada.

En Angola y Mozambique, por ejemplo, si que podríamos hablar de dos países con una tradición literaria más larga, cimentada en las tradiciones orales de su pueblo. Luego hay otros casos en que no hay condiciones para hablar de una literatura autónoma. Por ejemplo en Guinea Bissau o en Santo Tomé y Príncipe sería complicado decir que hay una tradición propia, como podría ser el caso de Mozambique, con figuras de la talla de José Cavairinha, muerto hace pocas fechas, o Mia Couto, un escritor de nivel internacional, a medio camino entre lo europeo y lo africano. Creo que la lengua portuguesa ha de ser considerada un instrumento poderoso, no tanto para la unidad, sino para la diversidad de cualquier proceso cultural. Tiene la bendita capacidad nuestra lengua de ser a la vez brasileña, portuguesa y africana; y es simplemente un bello instrumento en manos de sus creadores, de sus discursos.

El eje central de la literatura española durante los últimos cincuenta años ha sido la Guerra Civil y sus posteriores consecuencias. ¿Podría hablarse en Portugal de la dictadura salazarista y las posteriores guerras coloniales como tema clave de la literatura? ¿Sigue siendo un tema de actualidad? ¿Un referente?

João de Melo: Yo tuve una experiencia directa en la Guerra Colonial y, como en mi caso, pienso que afectó decisivamente a toda mi generación. Posiblemente esos hechos dieron lugar a una nueva corriente literaria. Nos unían unos acontecimientos terribles. Buena parte de la juventud portuguesa marchó a estas guerras; las mujeres se quedaron aquí, esperando a sus novios, hermanos o maridos. Marcó sin duda las temáticas literarias que surgieron después. De esta generación han salido Lobo Antunes, Lídia Jorge, Teolinda, es también la mía. La generación siguiente, la de Jose Luís (refiriéndose a Peixoto) es la que ha recibido el legado poscolonial, postimperial -entre comillas-. Es un país que entonces no se llamaba europeo, pero que regresó de sus colonias a casa para volver a ser europeo, que entró finalmente en la Comunidad Europea y que inició con éxito el proceso democrático. El tema de la guerra fue muy recurrente para nosotros, se ha tratado mucho. Toda aquella juventud está marcada. Piense que en los veinte años que aproximadamente duró todo aquello se utilizaron más de 800.000 hombres. Fue una experiencia terrible para un país tan pequeño como el nuestro.

Urbano Tavares: Está claro que hubo tras la Revolución de Abril una gran locura alrededor de este tema. Se ha escrito muchísimo sobre la Resistencia, sobre la Guerra Colonial... se escribió mucho y luego hubo una especie de cansancio que dio lugar a otras formas, una literatura diferente, poco realista, fantástica e intimista. Corre un viento nuevo, aunque desde mi punto de vista todavía no se ha escrito el gran libro sobre la Guerra Colonial, pese a que algunos como João han escrito libros estupendo como es Autopsia de una ruina, también hay libros de Manuel Alegre, de Teolinda, de Lídia Jorge, que nos dan el punto de vista de las mujeres que quedaron en Portugal.

Lídia tiene por ejemplo un libro muy interesante que nos habla de la visión de la mujer de un oficial que participa en las masacres de Mozambique. Es interesante también esta nueva tendencia de mirar para poder ver el otro lado de aquella guerra.Teolinda Gersão: Coincido con Urbano y João. Yo tenía treinta y cuatro años el 25 de Abril y era casi una necesidad hablar de lo que había sucedido, de los años de la Dictadura y la Guerra Colonial. Uno de los libros que escribí, Paisagem com Mulher e Mar ao Fundo, recoge este desasosiego; hay un personaje central que se interroga continuamente sobre los motivos por los que tiene dos hijos luchando en una guerra injusta e inútil. Fue un aspecto central de nuestras vidas, de nuestra literatura. Pero ahora veo en mis hijas y en los escritores más jóvenes, que no vivieron de cerca estos conflictos, otras inquietudes. Nosotros escribimos sobre lo que vivimos, pero también noto cierto hastío sobre al tema. La vida continuó y la sociedad ha ido generando sus propios problemas. Hay nuevos conflictos, inquietudes contemporáneas que son igualmente interesantes de tratar.

José Luis Peixoto: Me resulta muy complicado hablar sobre estos temas. El 25 de abril de 1974 yo no había nacido. Nací en septiembre de ese año y, como es lógico, es un referente que siempre me ha llegado de forma indirecta. No lo viví: no viví la censura, ni a Salazar, ni la Guerra Colonial. Creo que en los jóvenes escritores portugueses predominan ahora las opciones mucho más individuales. No sé si para bien o para mal, pero no estamos sujetos a temas tan fuertes, a movimientos constituidos, o al menos así lo creo.

¿Existiría, a su juicio, un nexo de unión entre las generaciones literarias portuguesas?

Urbano Tavares: En los años sesenta hubo polémicas muy fuertes, roces generacionales intensos entre los escritores que se denominaban de vanguardia, los llamados existencialistas, y los realistas. Con el tiempo, todo aquello fue borrado por unos años de un experimentalismo muy intenso, apareció gente como Almeida Faría o las llamadas Tres Marías (Maria Teresa Horta, Maria Velho da Costa y Maria Isabel Barreno) y todo el tumulto que siguió a aquello. Sin duda los años sesenta y los principios de los setenta fueron años de polémicas fuertes. Esa es una situación que ahora no detecto, no veo ese tipo de barreras y enfrentamientos...

José Luis Peixoto: Tal vez en la poesía, pero nada que se pueda comparar.

Urbano Tavares: Sí, es cierto, alguna hay, pero más suaves. Ahora son experiencias como decía antes José Luis: mucho más personales. No hay rupturas generacionales.

¿Cuál sería el papel que se otorga a la ciudad? ¿Qué dimensión tiene como escenario literario?

João de Melo: En eso creo que somos un poco particulares... En Portugal se ha tenido tradicionalmente la idea de que a la literatura no asociada a las ciudades se le debía colgar el cartel de costumbrista o regionalista, a la vez que se le daba un sentido profundamente peyorativo. Afortunadamente, el tiempo ha enraizado la idea de que tanto en el campo como en la ciudad lo más importante para el escritor, poeta, novelista, es la condición humana, no el escenario. Esto sería en el aspecto meramente temático. En el plano cultural, Portugal padece un serio problema de macrocefalia; tiene dos grandes ciudades, Lisboa y Porto, y todo lo demás es como un desierto. En el ámbito cultural, claro, resulta muy difícil para la cultura portuguesa desligarse del peso de éstos dos polos culturales, cada uno con su identidad. Tal vez sería bueno quitar peso a esas dos balanzas, repartirlo un poco.

Una pregunta para Urbano Tavares. Usted tiene más de setenta novelas publicadas sin contar sus libros de cuentos y ensayos. ¿Cuál sería su receta, su secreto para conseguir esta rutina de trabajo?

Urbano Tavares: Es difícil saber dónde está ese principio, ese secreto que usted dice. Yo era periodista en mi juventud y lo alternaba con mis estudios en la Facultad de Letras. Ecribía por obligación, claro, pero ya tenía la afición de la escritura dentro de mí. Publiqué mi primer libro cuando tenía veintiséis años y ya empecé a entender que había algo de diabólico en todo aquello, que había algo de vital para mí en la literatura. Se dice que los escritores tienen dos orígenes: que sus libros vienen por su propia experiencia o por su cultura. Pues le diría que en mí se juntan esas dos vías, hay en mí una necesidad, una ansiedad por escribir. Escribo para comprender la vida y vivo escribiendo sobre ella.

Y una última pregunta para José Luis Peixoto. Ha colaborado en el último disco del grupo heavy portugués Monspell, ¿nos podrí aclarar un poco las motivaciones que lo han llevado a un ámbito sobre el papel tan alejado de la actividad literaria?

José Luis Peixoto (entre sonrisas): Es una pregunta que se ha repetido bastante en otras entrevistas. En primer lugar he de decir que creo en la interacción entre las artes. En la poesía, en la música, en la pintura, corre en el fondo una fuerza común y es por ello que no lo veo como algo alejado de mi devenir literario. La idea, en principio, surgió por la amistad que me une a Fernando Ribeiro, elvocalista del grupo, y he de decir que fue para mí un honor. Es un grupo muy de mi gusto, con mucho prestigio no sólo en nuestro ámbito nacional. Es un grupo que vende más de 300.000 copias al año, la mayor parte de ellas en el extranjero. Tomada la decisión, empezamos a trabajar Ribeiro y yo juntos. Al principio estábamos juntos y más tarde por separado. Él también es aficionado a la poesía y fue fácil encontrar un camino común. Yo tenía tres canciones elaboradas anteriormente que se incluyeron, pero había poesías también. Creo que fue una experiencia interesantísima. Incluso aparecí en la primera parte del concierto del grupo en Lisboa. Había allí más de diez mil personas y yo frente a ellos leyendo mis poemas. Fue una experiencia emocionante, algo chocante -imagino- para el público, pero que tuvo una acogida muy favorable.

Urbano Tavares Rodrígues (1923)

Es el novelista más importante de los surgidos de las corrientes existencialistas de los 50. Su fructífera producción se inicia con APorta dos Límites; 1952, la primera obra de una larga serie con más de setenta títulos publicados. Cultiva con fervor el cuento, con atención preferente a las relaciones humanas, las pasiones y las desigualdades vistas desde la óptica marxista en la que durante mucho tiempo se alineó su obra. Suyas también son A Noite Roixa, 1956; Bastardos ao Sol, 1959; Os Insubmissos, 1961; Estrada de Morrer, 1974.

João de Melo (1949)

Escritor y ensayista. Furriel y enfermero durante su servicio en las guerras coloniales es uno de los narradores que mejor ha retratado el absurdo y la barbarie de estas. Personaje imprescindible de la narrativa portuguesa en el último cuarto de siglo, es en la actualidad consejero de cultura portugués en Madrid. Suyas son Autopsia de Um Mar de Ruinas, 1984; Gente Felíz com Lágrimas, 1988; O Homem Suspenso, 1996. Ha coordinado la edición de una estupenda Antología del cuento portugués (Alianza Editorial).

Teolinda Gersão (1940)

Profesora de filología anglogermánica por la Univerdade Nova de Lisboa. Desde el año 1995 se dedica exclusivamente a su carrera literaria, que comenzó con la novela O Silêncio, 1981; y que ratificaría con títulos de éxito como Pasagem com Mulher e Mar ao Fundo, 1982; O Cavalo de Sol, 1989; Os Teclados, 1999. Ganó el Premio de Cuentos de la APE en el año 2003.

José Luis Peixoto (1974)

Novelista y poeta. Uno de los más firmes valores de la narrativa portuguesa pese a su insultante juventud. Con su primera novela Nenhum Olhar (en castellano publicada como Nadie nos mira, Hiru Ediciones, 2002) ya obtuvo el Premio José Saramago para autores noveles, y fue finalista del premio del Pen Club. Colaborador habitual del Diário de Noticias y del Jornal de Letras, es bien conocido por el público portugués. Ha tenido en los últimos tiempos colaboraciones tan sorprendentes como la que hizo con el grupo heavy portugués Monspell. Recientemente ha publicado una segunda novela: Uma Casa na Escuridáo, 2002 . También tiene publicado un libro de poesía, Uma Criança em Ruinas, 2001.


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