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Entrevista a Fernando Iwasaki

Luis Miguel Hermoza y Fernando Clemot

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ernando Iwasaki (Lima, 1961) es uno de los escritores de la nueva hornada de la literatura peruana que más años lleva en España. En su etapa en Perú fue colaborador de los diarios Expreso y La Prensa y recibió el Premio de Ensayo "Alberto Ulloa" en 1987. En 1989 Iwasaki llega a Sevilla donde reside desde entonces. En 1998 recibió el Premio Copé de Narrativa. Iwasaki es director de la revista literaria Renacimiento , director de la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco y columnista del diario ABC. Conversamos con él sobre sus últimas obras y la dirección de su carrera literaria, opina también sobre el presente y el futuro inmediato de la literatura en Perú.

Pregunta: Dos de sus últimos libros Ajuar funerario (Páginas de Espuma, 2004) y Helarte de amar (Páginas de Espuma, 2006) son libros de relatos que flirtean con el microrrelato. ¿Qué ventajas encuentra en el cuento o el microrrelato que no ofrece la novela?

Respuesta: No creo que nadie escriba relatos porque no pueda escribir novelas, y viceversa. Como escritor hay temas e ideas que prefiero tratar a través de cuentos y no necesariamente con una novela. Por lo tanto, el relato -y por supuesto el microrrelato- tiene una concisión y una serie de recursos que no son extrapolables a la novela.

En Ajuar funerario especialmente, se aprecia una reducción del cuento, una concreción que llega hasta dejarlos en el esqueleto, en el argumento puro. ¿Es esta "esencialidad" una vía a seguir o se trata de un libro experimental? ¿Qué peso tiene en todo ello el modelo del "haiku"?

Sería divertido que el «haiku» tuviera algo que ver, mas no es así. Comencé a escribir Ajuar funerario asumiendo el doble reto de que se tratara de un libro de microrrelatos y de terror. Y muy descaminado no andaría cuando ya va por la tercera edición española.

Hablemos de Helarte de amar , su libro más reciente: una recopilación de relatos eróticos. ¿Qué le impulsó a profundizar en este género?

Es un libro que en el momento de ser publicado llevaba guardado más de doce años. Cuando lo escribí creía que se publicaría en una colección de narrativa erótica, pero al no ser así lo metí en un cajón, y años más tarde descubrí que yo había envejecido más que el libro, porque ya no me parecía literatura erótica sino fantástica.

Tenemos muy recientes las desapariciones de la colección La Sonrisa Vertical y de su premio, tras una larga agonía. ¿Considera que es el erótico un género gastado o en desuso?

No corren buenos tiempos para el erotismo porque hoy en día no hay nada que transgredir, ni profanar, ni prohibir. A la literatura erótica le iban muy bien los tabúes, las represiones y los escándalos, pero ya nadie se escandaliza de nada, salvo de las cosas políticamente incorrectas. Hemos pasado del pudor de los carcas al pudor de los progres.

¿Qué antecedentes considera los más brillantes en la literatura hispanoamericana dentro del género?

Clarice Lispector, sin duda, pero también los libros de Manuel Puig y Guillermo Cabrera Infante. Pienso en El beso de la mujer araña o en La Habana para un infante difunto , por ejemplo.

Es conocida la frase de André Breton a Buñuel: "Qué tiempos, querido Luis, el escándalo ya no existe" ¿Han rematado internet y la pornografía el género?

Una cosa es el erotismo y otra muy distinta los escándalos. Por ejemplo, los mismos que se escandalizaron con aquel libro titulado Todas putas ni pestañearon cuando se publicó Memoria de mis putas tristes . En cuanto al erotismo, pienso más bien que internet se ha convertido en uno de los últimos reductos del erotismo, pues miles de personas de todo el mundo se conectan para chatear con alguien que no conocen, pero que les pone el disco duro.

Sigamos con tu último libro; ¿Cuáles consideras los puntos fuertes de Helarte de amar ?

Que sus historias estén basadas en disparates que nadie pueda asociar a mi vida, por ejemplo. Que yo mismo reconozca que después de los cuarenta ya no hay nada que descubrir en materia erótica. Y que el lector sepa que las cosas que se narran en Helarte de amar no pueden ser y además son imposibles.

Una curiosidad. Tanto Helarte de amar como Ajuar funerario tienen una fecha de redacción muy anterior a su publicación. ¿Es bueno dejar enfriar los textos en el cajón?

"Ajuar funerario" estuvo en un ataúd -o sea, en su cajón- porque no era plan de redactar un centenar de microrrelatos del tirón. Todo lo contrario, los fui escribiendo a lo largo de casi ocho años, y mientras tanto los leía en institutos o los publicaba en revistas literarias. La historia de Helarte de amar ya la conté. ¿Si es bueno que se enfríen los libros en los cajones? No podría asegurarlo, porque muchos libros estupendos se quedan en cajones por falta de editor.

Sobre literatura peruana e hispanoamericana

¿Cuáles cree que son las cualidades que sobresalen y de las que adolece la literatura hispanoamericana actual? ¿Y la peruana?

Mi percepción de la literatura latinoamericana es parcial, pues sólo puedo a leer a los autores editados o distribuidos en España. En todo caso, la literatura latinoamericana sigue estando muy pendiente de los temas y las tramas, aunque en desmedro del estilo y de la propia escritura. En los últimos años advierto una fascinación de los autores más jóvenes por la metaliteratura. Me parece bien, pero ojo: no es posible «hacer» metaliteratura sin leer literatura.

¿Crees que la literatura hispanoamericana está en auge o vivimos un momento de cierto "parón"?

No tengo argumentos para saber si hay un auge de la literatura hispanoamericana, aunque sí puedo decir que las editoriales españolas están apostando por varios autores latinoamericanos. Y aquí hay que tener en cuenta que Carlos Fuentes y Vargas Llosa siguen publicando y que cada libro de ellos se convierte en un éxito de ventas.

¿Residir en el extranjero te permite tener una visión distinta de lo que se mueve en tu país de origen? ¿Qué canales utilizas para mantenerte al día?

No estoy al día de lo que ocurre en el Perú, pues ya me cuesta mucho leer dos o tres periódicos españoles diarios. Tampoco leo blogs ni estoy suscrito a ninguna revista peruana. Por lo tanto, mi único canal de información es la prensa española y el correo electrónico. La verdad es que no hace falta saber quiénes son ministros o quiénes juegan en la selección peruana de fútbol.

Vargas Llosa en los sesenta, Bryce Echenique, Roncagliolo, Fernando Iwasaki. ¿es imprescindible residir en España para tener acceso a los grandes agentes y editores de la literatura hispanoamericana?

No lo creo. Alonso Cueto vive en el Perú y ha ganado un premio tan prestigioso como el Herralde, aparte de tener una agente estupenda como Antonia Kerrigan. Y lo mismo podría decir del chileno Alberto Fuguet o del colombiano Jorge Franco, quienes viven en sus propios países y también son leídos y conocidos en España.

¿Cuáles crees que son las características del mercado editorial peruano? ¿Existe un posicionamiento frente a la política editorial española?

En el Perú lo que no existe es una industria cultural. Por eso el mercado editorial es el que es: un mundo estrangulado por la piratería. No hay editoriales peruanas que trabajen como las chilenas, colombianas o argentinas. Es decir, que cumplan con sus contratos, con sus calendarios de edición y con entregar adelantos dignos a sus autores. Las únicas que cumplen con esas formalidades son las filiales de las editoriales españolas, que muchas veces son vistas como empresas imperialistas. O sea, como sucedáneos literarios de la Pepsi o la Coca Cola.

Usted escribió un ensayo sobre Vargas Llosa, "Mario Vargas Llosa, entre la libertad y el infierno". ¿Es posible que una figura tan hegemónica haya oscurecido el resto de autores?

Desde mi punto de vista, para nada. Yo no existiría como escritor si no hubiera leído a Vargas Llosa. Y Vargas Llosa no ha sido un estorbo para que otros contemporáneos suyos como Ribeyro y Bryce Echenique sobresalieran y destacaran. ¿Por qué Vargas Llosa es más conocido, leído, dilucidado y vendido que otros autores peruanos? Simplemente porque es el mejor y no hay que darle más vueltas.

Como lector imagino que también tendrá sus preferencias, ¿cuáles consideras las figuras contemporáneas más relevantes? ¿Podrías darnos un diagnóstico del momento actual?

Sin contar a Vargas Llosa, Bryce Echenique y Julio Ramón Ribeyro, creo que Alonso Cueto, Fernando Ampuero, Edgardo Rivera Martínez, Rodolfo Hinostroza y Miguel Gutiérrez son excelentes escritores. Entre mis contemporáneos me gustaría destacar a Jorge Eduardo Benavides, Carlos Herrera, Enrique Prochazka, Ricardo Sumalavia, Iván Thays, Peter Elmore y Enrique Planas. Y entre los más jóvenes indudablemente sobresalen Santiago Roncagliolo, Luis Hernán Castañeda y Daniel Alarcón. Creo que todos estos nombres acreditan que la literatura peruana contemporánea goza -felizmente- de muy buena salud.

Perú ha sido testigo en el presente siglo del nacimiento de nuevas editoriales independientes y con ella de nuevos autores, ¿cree que existe algún lineamiento en la narrativa actual peruana?

Es verdad que han surgido nuevas editoriales como Estruendomudo, Solar, Matalamanga y Sarita Cartonera, editoriales prometedoras y animadas por jóvenes editores que además son amigos y no desean reñir (como lo demuestra su alianza en el grupo «Punche»). Pero a pesar de la calidad de sus apuestas hay que darles un plazo generoso de unos cinco años para que definan una línea editorial, conformen un catálogo y busquen socios en Europa y América Latina. Por desgracia, la ausencia de una industria cultural peruana conspira contra iniciativas tan valiosas como la de este grupo de jóvenes editores.

Para concluir; ¿podrías darnos un anticipo de tus próximos trabajos?

Me gustaría escribir una novela sobre la corrupción política peruana, pero por ahora sólo es la expresión de un deseo, ya que no dispongo de todo el tiempo que me gustaría para escribir.


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