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uando hablamos de Eloy Tizón ( Madrid, 1964) lo hacemos de una de las trayectorias más sólidas de la literatura española de los últimos quince años. La lista de títulos de Tizón, pese a su juventud, es amplia y combina la narrativa breve con la novela. Títulos principales son Velocidad de los jardines (Anagrama, 1992), Seda salvaje (Anagrama, 1995. Finalista del XIII Premio Herralde de novela), Labia (Anagrama, 2001), La voz cantante (Anagrama, 2004), P arpadeos (Anagrama, 2006). También ha impartido clases en los talleres literarios Fuentetaja y La Casa Encendida. Tizón nos expone en esta entrevista las impresiones sobre su obra y el devenir de la literatura española de los últimos años.
Han pasado catorce años desde tu primer libro, también un libro de relatos. ¿En qué ha cambiado y qué perdura todavía en Parpadeos del escritor novel que publicó Velocidad de los jardines ?
No advierto grandes rupturas en mi trayectoria, al menos hasta ahora. Es cierto que cada libro posee una atmósfera peculiar y propia, que en parte completa, corrige o matiza lo dicho en anteriores títulos, pero todo ello según creo forma parte de una evolución natural, sin grandes cataclismos. Me siguen obsesionando los mismos o parecidos temas -los territorios de la infancia, la soledad, el misterio del tiempo, la muerte, la aterradora fragilidad de los vínculos afectivos-, pero tratados cada vez con una mayor depuración y sobriedad formales, lo cual va unido -así lo espero, al menos- a una cierta madurez humana. En el fondo, sigo viéndome como un muchacho que empieza, aunque mi espalda dolorida se empeña en desmentirme y llevarme la contraria.
Se dice que un libro de relatos de un novel siempre es un riesgo para un editor y pocos se aventuran... sin embargo, Velocidad de los jardines fue un éxito que con el tiempo ha desembocado en un clásico de la narrativa breve. ¿Te abrumó este aplauso inicial? ¿Genera este éxito inicial algún titubeo al afrontar el siguiente libro?
Te agradezco tus palabras; desconozco si Velocidad. será un clásico o no, aunque sí me consta que el tiempo, por las razones que sean, ha ido convirtiendo ese título en una pequeña contraseña para iniciados y amantes del cuento, dentro de lo que cabe esperar en un radio de lectores tan restringido. Lo que me enorgullece es que eso lo ha conseguido el libro solo, sin la menor promoción publicitaria, única y exclusivamente mediante el boca-a-oreja. Puedo decirte que, en mi caso, lo que tú llamas "éxito" -por emplear un término sin duda un tanto hiperbólico pero que ayuda a entendernos-, nunca fue un estallido fulminante, que para mí hubiese sido, lo sé, bastante funesto desde el punto de vista personal, pues estoy poco dotado para las grandilocuencias, sino algo mucho más paulatino, más discreto y subterráneo, más acorde con mi estilo, de lo cual me congratulo. Gracias a ello la presión externa ha sido mínima y, te lo puedo asegurar, totalmente llevadera.
Tras tres novelas consecutivas ( Seda salvaje, Labia y La voz cantante) vuelves a la narrativa breve ¿Echabas de menos el género?
Nunca me he alejado de un género muy querido para mí, el cuento, que me ha proporcionado y me sigue proporcionando muchas horas de felicidad, tanto desde el punto de vista del escritor como del lector (si es que pueden separarse, lo que no creo). En mi mente no existen divisiones tajantes entre unos géneros y otros; novelas y cuentos se relacionan mediante vasos comunicantes, van y vienen, fluyen. Me esfuerzo en escribir cada historia con las palabras exactas, sin importar si requiere quince o doscientas páginas. Dejo que la historia me guíe y me diga cuánto espacio requiere, y yo la voy siguiendo y me adapto a sus meandros y necesidades. A estas alturas ya he descubierto que mis cuentos son más inteligentes que yo.
¿Qué posición ocupa la ironía y la ambigüedad en tus relatos? ¿Cuál es su función específica?
Diría que ambas ocupan, junto a la carga poética, una posición central. No son parte del discurso, sino tal vez el discurso mismo. Componen eso que se llama, de manera un tanto pomposa, una "cosmovisión" o, dicho con más humildad, una mirada. La ambigüedad requiere un trabajo sutil, que se obtiene aplicando capa tras capa, blanco sobre blanco. El humor y la ironía son como esos intrusos aguafiestas que se cuelan en la casa y atentan contra la presunta seriedad del texto, evitando que éste se "coagule" en un sentido único: desordenan la vajilla, estropean las cortinas, se comen las flores. Cumplen una función desestabilizadora. Si quieres, son un poco como los hermanos Marx de la prosa.
Nos gustaría acercarnos a la actualidad, a los autores más jóvenes... Durante los últimos años has impartido clases en talleres de escritura como Hotel Kafka, La Casa Encendida o Fuentetaja y nos gustaría conocer tu opinión ¿Qué crees pueden aportar estos talleres o cursos a la formación de un escritor novel? ¿Crees que hay alguna serie de valores generales que se puedan aplicar a los escritores que salen de estos talleres?
Es difícil decirlo. Para mí, dar clase representa la excusa perfecta para salir de casa y encontrarme con otras personas a las que apasiona la literatura. Los talleres de escritura, en mi opinión, sirven para promover en primer lugar un clima, una actitud, un estado mental de curiosidad y euforia en que "nos apetezca" escribir, sin más. No se trata tanto de ofrecer "recetas" sobre cómo escribir (lo que me parecería absurdo y hasta inmoral y dañino), sino más bien de abrir espacios de intercambio, zonas de indagación, estímulo y debate. ¿Cómo canalizar el propio talento? Esta es una cuestión apasionante y peliaguda, para responder a la cual no siempre basta con la intuición y el autodidactismo. Para acercarnos ese misterio nos agrupamos y reflexionamos alrededor de una serie de textos, de unas cuantas experiencias.
¿Qué opinión te merece la crítica literaria en prensa?
Considero que la crítica bien hecha es un elemento fundamental para el buen funcionamiento del ecosistema literario de un país. Mal hecha, produce efectos perniciosos, al dejarse doblegar por la inercia del mercado. A veces da la impresión de que en algunos suplementos los espacios se reparten en función de intereses comerciales, al margen de criterios de valor artístico. Pero la misión de una crítica digna de tal nombre debería ser justamente establecer jerarquías y detectar falsedades; si no, ¿para qué sirve? ¿Para hacer publirreportajes? Es curiosa la unanimidad con que se reseñan las novelas con premio, en perjuicio de otros libros de mayor entidad, cuando todos sabemos que la calidad media de esos productos suele ser endeble; como si fuese obligatorio ocuparse de ellos. ¿Lo es?
Nos gustaría que para acabar nos dibujaras una foto fija ¿Cómo ves el momento actual de la literatura española? ¿Podrías destacarnos algún nombre? ¿Hay espacio para nuevos sellos y propuestas editoriales?
Imagino que resulta imposible librarse de una cierta esquizofrenia, una grieta evidente entre lo visible y lo invisible: por un lado existe la pasarela oficial de figuras consagradas (con todos sus pesados convencionalismos de condecoraciones y flashes), que personalmente me interesa poco o nada. En el lado opuesto, se divisa el río revuelto de una literatura inquietante y viva, apenas conocida del gran público aún, pero pujante, indómita y nada acomodaticia. Creo que la mayoría de autores que aparecen en las páginas de esta revista, junto a algunos más, podrían servir de paradigma de esta segunda actitud, que para mí es la estimulante. Por otro lado, parece poco probable que sean los grandes emporios empresariales -aquejados, para qué engañarnos, de inmovilismo- de donde provenga la voluntad de renovación, sino de pequeñas o medianas editoriales independientes como Páginas de Espuma, El Equilibrista, Xordica o Gens, por citar sólo unas pocas entre las que están realizando, a mi entender, una inestimable labor de animación y rastreo.
Eres uno de los autores surgidos en la última década ¿Crees que existe el relevo literario de la generación surgida en los ochenta (Vila-Matas, Marías, Fernández Cubas, Mendoza, Muñoz Molina.) o es un poco pronto para saberlo?
A riesgo de equivocarme, te responderé que sí, que creo en la aparición de nombres nuevos que están aportado una savia renovadora al panorama actual. Al tratarse de obras en marcha, abiertas a mutaciones futuras, lógicamente resulta problemático fijarlas en una fórmula estable. "Esto lo estoy tocando mañana", decía el trompetista de El perseguidor de Cortázar. Para mí es evidente que voces de tanto talento como las de Luis Magrinyà, Andrés Ibáñez, Mercedes Cebrián o Ángel Zapata, entre otros, aportan una música distinta, innovadora y diferenciada; aunque muy distintos entre sí, ellos, junto a algunos nombres más, son quienes "lo están tocando mañana": aquellos que nos acercan un poco a lo que serán las posibles palabras del porvenir.
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