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Tartaruga, profesor de capoeira

Daniel García Martínez

A I. Picazzi
dextera manus

El desexilio fue una palabra
que invente yo
M. Benedetti

T



artaruga entra en la roda, su mirada está fija en la de su adversario. Desde su metro sesenta observa a su enorme contrincante, el mestre Rei. La música sube el ritmo y en breves segundos se ven enzarzados en un torbellino de patadas y puñetazos. La jinga cada vez baja más, y los pies y manos encallecidas rozan el suelo, lo acarician y disfrutan. La adrenalina corre a raudales por sus venas.

El mestre observa al alumno, que años antes mandara a Europa como una joven promesa. Tartarua, profesor de capoeira a los 24 años. Ahora, tras 10 años, está más débil, su barriga ha aumentado sensiblemente y su rostro refleja todas las inclemencias que ha tenido que soportar. El frío gélido de Suecia, la ingratitud de sus gentes, y su paso por España donde ha sido un inmigrante ilegal. El mejor profesor de capoeira de Europa ha tenido que trabajar de ayudante de pintor, de recogevasos, le han explotado en los gimnasios, y, lo más importante, todo esto alejado de su querido Brasil natal. Bajo el peso de sus arrugas, mientras esquiva sus queixadas, se pregunta: ¿para qué?.

La violencia se contiene, pero el ritmo de la lucha continúa. El jaguar, la cobra y el lagarto luchan en un combate entre iguales. Tartaruga se aferra al suelo, su juego favorito; la tierra le protege, le abraza; él se desliza mientras espera que Rei cometa un error.

El juego de Tartaruga ha empeorado mucho, su flexibilidad ha disminuido y su rapidez ya no es la que era. A pesar de ser veinte años más joven que Rei, sabe que un golpe del mestre puede dejarle incosciente. Estos años en el “mundo civilizado”le han costado mucho. Ha perdido dinero, autoestima, y sobretodo el alejamiento de su tierra le ha debilitado anímicamente. Aunque nunca ha perdido la alegría, sus lágrimas no se han ido con las manos vacías.

El mestre disfruta del aire, su fuerza y su velocidad hacen que sus golpes vue len cerca del cuerpo del alumno. Por fuera exhala tranquilidad, pero es la violencia la que carga sus manos y sus pies. La roda, cual rueda de la fortuna puede decantar la vida de sus ocupantes. A su alrededor, todos los alumnos observan atentamente el juego. Con los ojos muy abiertos las figuras de los jogadores parecen transmutarse, la tortuga lenta pero segura, y el jaguar, enorme y soberano, dan vueltas al sonido de los berimbaus. El mundo se crea, se destruye. Cada jogador debe aprender de los demás, la capoeira es un arte en continua evolución, es una canción que crea y destruye mientras sigan oyéndose las síncopas. Cada coreografía sin ensayo es un grito del cuerpo del capoerista, cada patada un fonema y cada esquiva la lexía que le conduce a su propia semanticidad.

Rei salta, el aire le recibe, la musculatura de sus poderosas piernas se tensan, cae al suelo que tiembla y se convulsiona; celérido asesta un terrible martello a Tartaruga, que se gira, busca un asidero. Su abdomen se contrae pero no consigue mantener el aire y mientras recupera el aliento recibe por primera vez un atisbo de verdad. Sus raíces se han debilitado, Bimba y Pastinha le gritan en la espalda, los esclavos que murieron a manos de los opresores, la capoeira abre sus ojos felinos y le muestra cuan grande fue su error, Europa es un país sin alma. Los ojos saltones de Tartaruga no se apartan de los de su mestre.

Nascimento Grande, Manduca da Praia, Natividade, Pedro Cobra e Besouro Magangá. Orant pro nobis.

Los ojos del rival no engañan, hablan. El cuerpo finta, se mueve, engaña, pero los ojos no.

Tartaruga se libra de una encerrona con una u y le asesta una meia lua al gran mestre que ni siquiera se inmuta. Su cuerpo enorme, acostumbrado a la lucha absorve el golpe mientras su manos buscan el suelo y ejecutan una acrobacia. La mirada felina asciende hasta el cielo y las cavidades nasales se inflaman hasta el infinito.

Palimpsesto: Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente. 2. Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir.
Jogador, palimpsesto violento.


Finalmente Tartaruga, derrotado, ofrece su mano a Rei que la acepta, le abraza y lo incluye de nuevo en su seno. El hijo pródigo a regresado, en poco tiempo el sabor de su tierra le devolverá lo que le pertenece.


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