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Despedida en Madrid


Traducido por Esther Rodrguez

Norma Elia Cantú

L

a imagen regresa. Es el aeropuerto de Barajas y ella est diciendo adis. La palabra "Despedida" permanece en su mente mientras la palabra "Adis" empuja con ms fuerza, como si pudiese nombrarse a s misma y herirla. Aquella historia de amor haba sido difcil, pero fcil tambin, muy fcil, sabiendo, como saba, que habra un final y que se producira esta escena en el aeropuerto. El pequeo Seat color manzana de l, ahora vaco, esperaba aparcado en la acera como una tranquila y dcil mascota. El diminuto auto estaba completamente desbordado de cajas y maletas, an as, ella haba logrado meterse en el asiento delantero. Mara Jos, su amiga, a quien haba conocido en la tertulia nocturna de la casa de Luis Cano y que enseaba portugus en Berlitz, haba ido en taxi con las otras cajas y ahora estaba dentro del aeropuerto, esperando, para que ellos tuvieran un poco de intimidad.

Se quedaron un rato mirndose a los ojos. Ella llevaba una mochila colgada al hombro y su bolsa de mano al lado. l sostena el filodendro que ella le haba regalado. Se vea raro con la planta en sus manos. Ella llevaba un ramo de claveles color rojo sangre. No hubo lgrimas. Se abrazaron, se besaron, le vio subirse al coche y marcharse. Haban acordado que sera mejor as, que despus de comprobar que su equipaje, sus cajas de libros y sus pocos tesoros hubieran sido facturados y puestos a salvo, l se ira. Volvera al piso donde estaba trabajando en un proyecto y ya iba con retraso. Era un trabajo para una revista. Adems de ser diseador grfico tambin trabajaba en otras cosas y se jactaba de cmo le queran en todas partes. Era muy bueno en lo suyo. Ella haba permanecido escptica hasta que un da, en la pera, durante el entreacto, un distinguido seor, ya mayor, se acerc y le propuso trabajar para una revista que iban a lanzar. Ella qued impresionada.

Ya haban derramado las lgrimas, ya haban dicho las speras y colricas palabras que haran la partida ms fcil, ya se haban herido donde deban, en el dulce galanteo final, ensombreciendo as su inminente partida. Haca slo unos das que l haba cogido un resfriado de verano, era su manera de afrontar aquella despedida. Ella le haba cuidado a ratos mientras empacaba todas las cosas del piso que haba compartido con sus compaeras durante el ao; era la ltima en irse y le haba tocado devolver las llaves y mirar si la seora de la limpieza lo dejaba todo en orden. Se haban organizado algunas despedidas en Madrid las ltimas semanas, ya que todos y cada uno de sus colegas haban vuelto a los Estados Unidos. Todos los estudiantes, investigadores, artistas y profesores se haban ido. El grupo se reuna en sus restaurantes y bares favoritos, y ella haba asistido a todas las despedidas, y no haba soltado ni una lgrima en ninguna de ellas. "Estoy siendo muy fuerte" se deca a s misma, no como en la escuela cuando se pasaba los das llorando al final de cada curso, despus de haberse despedido de sus amigos y profesores.

La despedida ms dura es, sin duda, sta, pensaba mientras se diriga a la puerta de seguridad de la TWA en el aeropuerto. Ni siquiera ayud que, cuando el avin rodaba por la pista de aterrizaje para despegar, hubiera un retraso y tuvieran que desembarcar. Mientras todo el mundo estaba nervioso y asustado, ella, que ya estaba verbalizando sus recuerdos, haba encontrado una cabina telefnica y le haba llamado para dejarle un mensaje en el contestador, queriendo que su voz y su recuerdo estuviesen ah, esperndole, cuando volviese a casa, a pesar de que para l su historia ya perteneciera al pasado. A la espera de que acabara el mensaje de l para poder dejar el suyo, tom los pendientes que Mara Jos le haba regalado, una pareja de rosas delicadas y pequeitas hechas con miga de pan. De repente, Mara Jos se las haba quitado un da, mientras charlaban y se prometan no perder el contacto, y se las regal. De regreso a la puerta de salida del avin, tir los claveles a la basura, y llor.

Ahora estaba bajo el sol de California resolviendo un crucigrama, y segua llorando. Recordaba sus queridos pendientes y cmo llor cuando perdi uno de ellos. An conservaba el otro en un viejo joyero, con otros pendientes sin pareja. A veces los mezclaba y emparejaba a su antojo, o se los pona solos para divertirse y ver cmo reaccionaba la gente.

Suspir al momento que su hijo entr en el saln y se sirvi una taza de caf descafeinado. l le pregunt "Qu quieres para desayunar? Mariachis de papa con huevo o pancakes?"
"Lo que sea, no tengo mucha hambre". En la televisin, Katie Curic entrevistaba a alguien sobre los escndalos del presidente.
"Texas City, seis letras, la tercera letra es la "r"", dijo ella. "Laredo" dijo l sin inmutarse, sabiendo qu feliz le haca a su madre que su ciudad natal saliese destacada en cualquier lugar.

Y continuaron con el ritual matinal que haban comenzado este ltimo verano, antes de que l se fuera a la universidad, mientras se preparaban para empezar un nuevo da. Ella estaba complacida de que a l tambin le gustaran los crucigramas, y que fuese lo suficientemente grande como para saber palabras como "carcter" y completar los cuadros que ella dejaba en blanco. l saba el nombre del perro del programa de TV, Frasier, mientras que ella saba el nombre del perro de la pelcula The Thin Man. l saba un sinnmero de trivialidades sobre deportes y cantantes de rock; ella, todo sobre cuestiones literarias. A menudo, l la sorprenda con sus conocimientos sobre ciencia. Muy pronto se mediran de igual a igual, y l sera capaz de resolver el crucigrama del New York Times, siempre un gran reto en s mismo.

Quien se levantaba antes tena que meter el peridico y empezar el crucigrama, el otro preparaba el desayuno. Ese era el trato. La mayora de veces ella acababa cocinando, prefera pasar el mximo tiempo posible en la cama; y l, un madrugador nato, tena la oportunidad de resolver el crucigrama antes de que ella se levantara.

Esa tranquila maana de septiembre ella se haba despertado pensando en un sueo que no poda recordar del todo. "Y esta maana", pens para s misma, "cuando el pasado ha irrumpido en mi ritual matutino, me preparo para una despedida ms". Y al pensar eso, sinti un vaco en el corazn, como si le hubiesen exprimido la sangre, lo mismo que a veces consegua sentir haciendo una postura de yoga, la asana, cuando el interior se siente tan inmenso como el universo mismo. Todo el verano haba sentido en su corazn un agujero pequeito que da con da creca ms y ms. Saba que ya estaba cerca el momento en el que l se ira, el momento de decir adis. El agujero era ya tan grande como su corazn.

Haban tenido grandes discusiones, a menudo l se comportaba de manera hostil y era tan impasible como una roca. Y haba habido rias menores, como cuando ella se dej las llaves puestas con el coche en marcha y se fue a comprar algo, o cuando l se olvid de cerrar la manguera una noche, y a la maana siguiente encontraron el patio inundado. O cuando ella, segn l, haba sido antiptica con uno de sus amigos. Alguna vez a l se le meti en la cabeza estudiar arte, o no estudiar nada en absoluto y dedicarse a pintar por su cuenta sin ir a ninguna escuela. Despus se le antoj ir a la escuela de San Diego en vez de solicitar plaza en otro sitio ms cerca de casa, en Los ngeles o Santa Brbara. Esto se prolong durante meses, toda la primavera, hasta que declararon una tregua.

El ltimo par de meses haban decidido no pelearse y tomar en cuenta sus sentimientos, y hablar sobre ellos. As, cierta vez l pregunt: "Mami, qu te pasa? Ests extraa esta maana y parece que has estado llorando, ests bien?"
"S, supongo que ya te estoy echando de menos, te estoy diciendo adis, diciendo adis en Los ngeles." Y cant un par de versos de la cancin de despedida de Sound of Music (Sonrisas y lgrimas) como lo haca cuando l era un nio, y las lgrimas volvieron.

l sonri. No estaba muy convencido, pero no saba por qu. A sus dieciocho haba aprendido a comprender los estados de nimo de su madre, y saba que solamente se dirigira a l cuando estuviese preparada, as que sigui cortando el cilantro y los tomates, y rebanando las patatas para las papas con huevo. Sac el paquete de tortillas congeladas y se dispona a meterlas en el microondas, cuando ella le dijo:
"Deja que te haga unas de verdad, no de plstico. Recuerdas cuando le dijiste a la abuela que slo te daba de comer tortillas de plstico y no tortillas de verdad como las suyas?" y compartieron sonrisas recordando la vieja ancdota familiar.
"Eso llevar mucho tiempo, mama, y tengo prisa"
"N'ombre, me llevar 15 o 20 minutos mximo. Ya vers, para cuando estn listas las papas con huevo ya estarn las tortillas".
Se puso de pie de un salto y empez a preparar la masa.

Trabajaron tranquilamente durante unos minutos mientras en el programa matutino de la televisin nacional les estaban deseando feliz cumpleaos a las personas que cumplan 100 aos o ms. Finalmente, ella extenda las tortillas y l las coca sobre el comal. Las lgrimas brotaron una vez ms.
"Qu pasa, mama?"
"Nada, no pasa nada, de verdad".
"He hecho algo?"
"No, m'ijo, nada, soy yo y mis recuerdos. Estoy empezando a hablar como tu abuela, no?"
"Oh, mama, no eres tan vieja".

Ella se dio cuenta de que l estaba incmodo y nervioso. "No, no pasa nada, ves? Estoy bien. Hacer tortillas siempre ha sido teraputico para m". l dirigi su mirada al cielo, seal de que no quera escuchar la historia que se acercaba, y que saba muy bien, sobre cmo el hacer tortillas le haba salvado la vida a su madre y, literalmente, le haba ayudado a mantener la salud mental cuando estaba estudiando la licenciatura en Ann Arbor, cuando l era un beb, y eran pobres, y el invierno era largo y fro. O cmo en Europa, cuando estudiaba con una beca de investigacin, sola hacer tortillas siempre que se senta nostlgica.
"Oh, mama", dijo l, y ella sonri.

Entonces ella hizo un gesto con la cabeza sealando en direccin a la mesa, el peridico con el crucigrama que todava estaba incompleto,
"ndale, o no lo acabaremos".
l cogi un bolgrafo y dijo en voz alta: "Palabra de cinco letras para 'clera'", y dio la respuesta 'rabia'.
"O 'enojo'".
"Acaba en 'a'". "Okay, pero dame toda la informacin". "Palabra de cinco letras para 'progenitor', acaba en 'e'".
"Padre", dijo ella.
"S, queda bien", contest l.

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