as tijeras estaban sobre la mesa. Tenan un tamao
desmedido. Mi padre las haba usado para rebanar
pollos. Desde que l muri, Jorge las lleva a todas partes.
Tal vez sea normal que un psicpata duerma con su
pistola bajo la almohada. Mi hermano no es un psicpata.
Tampoco es normal.
Lo encontr en la habitacin, encorvado, luchando
para sacarse la camiseta. Estbamos a 42 grados. Jorge
llevaba una camiseta de tejido burdo, ideal para adherirse
como una segunda piel.
-brela! --grit con la cabeza envuelta por la tela.
Su mano seal un punto inexacto que no me cost trabajo
adivinar.
Fui por las tijeras y cort la camiseta. Vi el tatuaje en
su espalda. Me molest que las tijeras sirvieran de algo;
Jorge volva tiles las cosas sin sentido; para l, eso significaba
tener talento.
Me abraz como si untarme su sudor fuera un bautizo.
Luego me vio con sus ojos hundidos por la droga,
el sufrimiento, demasiados vdeos. Le sobraba energa,
algo inconveniente para una tarde de verano en las
afueras de Sacramento. En su visita anterior, Jorge
pate el ventilador y le rompi un aspa; ahora, el aparato
apenas arrojaba aire y haca un ruido de sonaja.
Ninguno de los seis hermanos pens en cambiarlo. La
granja estaba en venta. An ola a aves; las alambradas
conservaban plumas blancas.
Yo haba propuesto otro lugar para reunirnos pero l
necesitaba algo que llam "correspondencias". Ah
vivimos apiados, lemos la Biblia a la hora de comer,
subimos al techo a ver lluvias de estrellas, fuimos azotados
con el rastrillo que serva para barrer el excremento
de los pollos, soamos en huir y regresar para
incendiar la casa.
-Acompame --Jorge sali al porche. Haba llegado
en una camioneta Windstar, muy lujosa para l.
Sac dos maletines de la camioneta. Estaba tan flaco
que pareca sostener tanques de buceo en la absurda
inmensidad del desierto. Eran mquinas de escribir.
Las coloc en las cabeceras del comedor y me asign
la que se atascaba en la ee. Durante semanas bamos a
estar frente a frente. Jorge se crea guionista. Tena un
contacto en Tucson, que no es precisamente la meca del
cine, interesado en una "historia en bruto" que en apariencia
nosotros podamos contar. La prueba de su inters
eran la camioneta Windstar y dos mil dlares de anticipo.
Confiaba en el cine mexicano como en un intangible
guacamole; haba demasiado odio y demasiada
pasin en la regin para no aprovecharlos en la pantalla.
En Arizona, los granjeros disparaban a los migrantes
extraviados en sus territorios ("un safari caliente", haba
dicho el hombre al que Jorge citaba como a un evangelista);
luego, el improbable productor haba preparado
un coctel margarita color rojo. Lo "mexicano" se impona
entre un reguero de cadveres.
La mayor extravagancia de aquel gringo era confiar
en mi hermano. Jorge se prepar como cineasta paseando
drogadictos norteamericanos por las costas de
Oaxaca. Ellos le hablaron de pelculas que nunca
vimos en Sacramento. Cuando se mud a Torren, visit
a diario un negocio de vdeos donde haba aire acondicionado.
Lo contrataron para normalizar su presencia
y porque poda recomendar pelculas que no conoca.
Regresaba a Sacramento con ojos raros. Seguramente,
esto tena que ver con Luca. Ella se aburra tanto en este
terregal que le dio una oportunidad a Jorge. Aun entonces,
cuando conservaba un peso aceptable e intacta su
dentadura, mi hermano pareca un chiflado csmico,
como esos tipos que han entrado en contacto con un
ovni. Tal vez tena el pedigr de haberse ido, el caso es
que ella lo dej entrar a la casa que habitaba atrs de la
gasolinera. Costaba trabajo creer que alguien con el
cuerpo y los ojos de obsidiana de Luca no encontrara un
candidato mejor entre los traileros que se detenan a cargar
diesel. Jorge se dio el lujo de abandonarla. No poda
atarse a Sacramento. Se haba tatuado en la espalda una
lluvia de estrellas, las "lgrimas de San Fortino" que caen
el 12 de agosto. Fue el gran espectculo que vimos en la
infancia. Adems, su segundo nombre es Fortino. No
poda anclar su estrella fugaz.
Mi hermano estaba hecho para irse pero tambin
para volver. Prepar su regreso por telfono: nuestras
vidas rotas se parecan a las de otros cineastas, los artistas
latinos la estaban haciendo en grande, el hombre de
Tucson confiaba en el talento fresco. Curiosamente, la
"historia en bruto" era ma. Por eso tena frente a m
una mquina de escribir.
Tambin yo sal de Sacramento. Durante aos conduje
trilers a ambos lados de la frontera. En los cambiantes
paisajes de esa poca mi nica constancia fue la
cerveza Tecate. Ingres en Alcholicos Annimos despus
de volcarme en Los Vidrios con un cargamento
de fertilizantes. Estuve inconsciente en la carretera
durante horas, respirando polvo qumico para mejorar
tomates. Quiz esto explica que despus aceptara un
trabajo donde el sufrimiento me pareci agradable.
Durante cuatro aos repart bolsas con suero para los
indocumentados que se extravan en el desierto.
Recorr las rutas de Agua Prieta a Douglas, de Sonoyta
a Lukeville, de Nogales a Nogales (rentaba un cuarto en
cada uno de los Nogales, como si viviera en una ciudad
y en su reflejo). Conoc polleros, agentes de la migra,
miembros del programa Paisano. Nunca vi a la gente
que recoga las bolsas con suero. Los nicos indocumentados
que encontr estaban detenidos. Temblaban
bajo una frazada. Parecan marcianos. Tal vez slo los
coyotes beban el suero. A la suma de cadveres hallados
en el desierto le dicen The Body Count. Fue el ttulo
que Jorge escogi para la pelcula.
La soledad te vuelve charlatn. Despus de manejar
diez horas escupes palabras. "Ser ex alcholico es tirar
rollos", eso me dijo alguien en AA. Una noche, a la hora
de las tarifas de descuento, llam a mi hermano. Le cont
algo que no saba cmo acomodar. Iba por una carretera
de terracera cuando los faros alumbraron dos siluetas
amarillentas. Migrantes. stos no parecan marcianos;
parecan zombies. Fren y alzaron los brazos, como si
fuera a detenerlos. Cuando vieron que iba desarmado,
gritaron que los salvara por la Virgen y el amor de Dios.
"Estn locos", pens. Echaban espuma por la boca, se aferraban
a mi camisa, olan a cartn podrido. "Ya estn
muertos". Esta idea me pareci lgica. Uno de ellos
implor que lo llevara "donde juese". El otro pidi agua.
Yo no llevaba cantimplora. Me dio miedo o asco o quin
sabe qu viajar con los migrantes deshidratados y locos.
Pero no poda dejarlos ah. Les dije que los llevara atrs.
Ellos entendieron que en el asiento trasero. Tuve que usar
muchas palabras para explicarles que me refera a la
cajuela, el maletero, su lugar de viaje.
Tena que llegar a Phoenix al amanecer. Cuando las
plantas espinosas rasguaron el cielo amarillo, me
detuve a orinar. No o ruidos en la parte trasera. Pens
que los otros se haban asfixiado o muerto de sed o
hambre, pero no hice nada. Volv al coche.
Llegamos a las afueras de Phoenix. Detuve el coche
y me persign. Cuando abr la puerta de atrs, lo primero
que vi fueron ropas teidas de rojo. Luego o una
carcajada. Slo al ver las camisas salpicadas de semillas
record que llevaba tres sandas. Los migrantes las
haban devorado en forma inaudita, con todo y cscara.
Se despidieron con una felicidad alucinada que me
produjo el mismo malestar que la posibilidad de matarlos
mientras trataba de salvarlos.
Fue esto lo que le cont a Jorge. A los dos das llam
para decirme que tenamos una "historia en bruto". No
serva para una pelcula, pero s para ilusionar a un productor.
Mi hermano confiaba en mi conocimiento de los
cruces ilegales y en los cursos de redaccin por correspondencia
que tom antes de irme de trailero, cuando
soaba en ser corresponsal de guerra slo porque eso
garantizaba ir lejos.
Durante seis semanas sudamos uno frente al otro.
Desde su cabecera, Jorge gritaba: "los productores son
pendejos, los directores son pendejos, los actores son pendejos"!
Escribamos para un comando de pendejos. Era
nuestra ventaja: sin que se dieran cuenta, los obligaramos
a transmitir una verdad incmoda. A esto Jorge le
deca "el silbato de Chaplin". En una pelcula, Chaplin se
traga un silbato que sigue sonando en su estmago. As
sera nuestro guin, el silbato que tragaran los pendejos:
sonara dentro de ellos sin que pudieran evitarlo.
Pero yo no poda armar la historia, como si todas las
palabras llevaran la ee que se atascaba en mi teclado.
Entonces Jorge habl como nuestro padre lo haba
hecho en esa mesa: nos faltaba sentirnos culpables. ramos
demasiado indiferentes. Tenamos que jodernos
para merecer la historia.
Fuimos a unas peleas de perros y apostamos los dos
mil dlares del anticipo. Escogimos un perro con una
cicatriz en equis en el lomo. Pareca tuerto. Luego supimos
que la furia le haca guiar un ojo. Ganamos seis
mil dlares. La suerte nos consenta, psima noticia
para un guionista, segn Jorge.
No s si l tom alguna droga o una pastilla, lo cierto
es que no dorma. Se quedaba en una mecedora en
el porche, viendo los huizaches del desierto y los gallineros
abandonados, con las tijeras abiertas sobre el
pecho. Al da siguiente, cuando yo revolva el nescaf,
me gritaba con ojos insomnes: "sin culpa no hay historia!"
El problema, mi problema, es que yo ya era culpable.
Jorge nunca me pregunt qu haca en la carretera
de terracera a bordo de un Spirit que no era mo
y yo no deseaba mencionarlo.
Cuando mi hermano abandon a Luca, ella se fue
con el primer cliente que lleg a la gasolinera. Pas de
un sitio a otro de la frontera, de un Jeff a un Bill y a un
Kevin, hasta que hubo alguien llamado Gamaliel que
pareci suficientemente estable (casado con otra, pero
dispuesto a mantenerla). No era un migrante sino un
"gringo nuevo", hijo de hippies que buscaban nombres
en las Biblias de los migrantes. La propia Luca me
puso al tanto. Hablaba de cuando en cuando y se aseguraba
de tener mis datos, como si yo fuera algo que
ojal no tuviera que usar. Un seguro en la nada.
Una tarde llam para pedir "un favorsote".
Necesitaba enviar un paquete y yo conoca bien las
carreteras. Curiosamente, me mand a un lugar al que
nunca haba ido, cerca de Various Ranches. A partir de
entonces me us para despachar paquetes pequeos.
Me dijo que contenan medicinas que aqu podan comprarse
sin receta y valan mucho al otro lado, pero sonri
de modo extrao al decirlo, como si "medicinas"
fuera un cdigo para droga o dinero. Nunca abr un
sobre. Fue mi lealtad hacia Luca. Mi lealtad hacia
Jorge fue no pensar demasiado en los pechos bajo la
blusa, las manos delgadas, sin anillos, los ojos que
aguardaban un remedio.
Cuando decidimos vender la granja, los seis hermanos
nos reunimos por primera vez en mucho tiempo.
Discutimos de precios y tonteras prcticas. Fue entonces
cuando Jorge pate el ventilador. Nos maldijo entre
frases sacadas de la Biblia, habl de lobos y corderos,
la mesa donde se pona un lugar al enemigo. Luego
encendi el ventilador y oy el ruido de sonaja. Sonri,
como si eso fuera divertido. El hermano que me ayudaba
a bajarme los pantalones despus de los azotes
para sentir la fra delicia del ro se crea ahora un cineasta
con mritos suficientes para patear ventiladores.
Lo detest, como nunca lo haba hecho.
La siguiente vez que Luca me llam para recoger un
envo no sal de su casa hasta el da siguiente. Le dije
que mi coche estaba fallando. Me prest el Spirit que le
haba regalado Gamaliel. Yo quera seguir tocando algo
de Luca, aunque el coche viniera de otro hombre.
Pens en esto en la carretera y quise aportarle un toque
personal al Spirit. Me detuve a comprar sandas.
No volv a ver a Luca. Regres el coche cuando ella
no estaba en casa y arroj las llaves al buzn. Sent un
sabor acre en la boca, ganas de romper algo. En la noche
llam a Jorge. Le cont de los zombies y las sandas.
Al cabo de seis semanas, marcas azules circundaban
los ojos de mi hermano. Cort en cuadritos los dlares
que ganamos en las peleas de perros pero tampoco as
nos lleg la culpa creativa. No s si sac esa idea de los
castigos en la granja, a manos de un padre de fantica
religiosidad, o si las drogas en la costa de Oaxaca le
expandieron la mente de ese modo, un campo donde
se cosecha con remordimientos.
-Asalta un banco -le dije.
-El crimen no cuenta. Necesitamos una culpa superable.
Estuve a punto de decir que me haba acostado con
Luca, pero las tijeras para pollos estaban demasiado cerca.
Horas ms tarde, Jorge fumaba un cigarro torcido.
Ola a mariguana, pero no lo suficiente para mitigar la
peste de las aves de corral. Vio la mancha de salitre
donde haba estado la imagen de la Virgen. Luego me
cont que segua en contacto con Luca. Ella tena un
negocio modesto. Medicinas de contrabando. Era ilcito
pero nadie se condena por repartir medicinas. Me pregunt
si yo tena algo que decirle. Por primera vez pens
que el guin era un montaje para obligarme a confesar.
Sal al porche, sin decir palabra, y vi la Windstar. Era
posible que el "productor" fuese Gamaliel y los dlares
y la camioneta vinieran de l? Jorge era su mensajero?
Traa a la casa los celos de otra persona? Poda haberse
degradado con tanto clculo?
Regres a mi silla y escrib sin parar, la noche entera.
Exager mis encuentros erticos con Luca. En esa
confesin indirecta, el descaro poda encubrirme. Mi
personaje asumi los defectos de un perfecto hijo de
puta. A Jorge le hubiera irritado que actuara como el
hombre dbil que era, pero no poda atribuirme esa
magnfica vileza. Al da siguiente, The Body Count
estaba listo. Sin ees, pero listo.
-Siempre puedes confiar en un ex alcholico para satisfacer
un vicio --me dijo. No supe si se refera a su vicio de
convertir la culpa en cine o de saciar celos ajenos.
Jorge le hizo cortes al guin con las tijeras para
pollos. El ms significativo fue mi nombre. l gan bastante
conThe Body Count, pero fue un xito insulso.
Nadie oy el silbato de Chaplin.
En lo que a m toca, algo me retuvo ante la mquina
de escribir, tal vez una frase de mi hermano en su ltima
noche en la granja:
-La cicatriz est en el otro tobillo.
Me haba acostado con Luca pero no recordaba el
sitio de su cicatriz. Mi refugio era imaginar las cosas.
Era se el vicio al que se refera Jorge? Seguira escribiendo.
Esa noche me limit a decir:
-Perdn, perdname.
No s si llor. Mi cara estaba mojada por el sudor o
por lgrimas que no sent. Me dolan los ojos. La noche
se abra ante nosotros, como cuando ramos nios y
subamos al techo a pedir deseos. Una luz ray el cielo.
-12 de agosto --dijo Jorge.
Pasamos el resto de la noche viendo estrellas fugaces,
como cuerpos perdidos en el desierto.
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