C
onsumada la expulsión
el instante fue
el tiempo es siempre extranjero
excrescencia de la eternidad
en el mundo no somos el río
que fluye sino la hoja que éste lleva
Cuanto más fuerte es la normatividad colectiva del ser humano,
tanto mayor es la inmoralidad individual.
C. G. Jung
E
l investigador en biología molecular y periodista Javier Sampedro explicaba en un artículo, con razones genéticas y neurológicas, cómo es imposible hablar de normalidad al referirse al ser humano, donde las distintas combinaciones neurológicas del cerebro (un gen por cada billón de sinapsis) hacen que las combinaciones genéticas impidan crear algo parecido a una norma humana(1) . Si no hay, por tanto, una normalidad biológica, ¿por qué iba a haberla estética? Y sin embargo, en España ha existido una férrea poesía de la normalidad cuyo éxito primero y dictadura después ha durado casi veinte años y que sigue dominando, por arriba (instituciones políticas culturales, suplementos literarios, premios) el panorama poético, de una forma injustificable desde presupuestos estéticos, ya sean intelectuales o prácticos.
Suponemos que esa pervivencia residual, agonizante ya, es una de las formas de la inercia mecánica. Para ciertos políticos y periodistas es complicado aprender el nombre de más de un poeta cada diez años, lo que dificulta el cambio o recambio natural de las políticas del gusto . Pero toda norma debe decaer cuando se habla de literatura, terreno en el que desde tiempo inmemorial lo único válido es la singularidad, lo excepcional, lo único, que se mantiene a flote como los objetos cilíndricos en los remolinos (los del agua y los del tiempo). Como exponía recientemente el ensayista y crítico José Francisco Ruiz Casanova, "la historia de la poesía española, de todo signo estético y de todo tiempo, es la historia de sus excepciones; y en el siglo XX tales excepciones han sido escatimadas, silenciadas y preteridas por las más diversas razones, aunque con una explicación histórica : quedan fuera de la narración fabulosa de la historia de la poesía del siglo todos aquellos poetas que no encajaron en su día (o a lo largo de su trayectoria) en una idea de lo que debía y debe ser el género" (2).
Hoy parece que el género y el número deberían sernos indiferentes: como crítico, me da igual si el género sea femenino o masculino siempre que el número sea, a la vez, singular y plural . Jung estudiaba el proceso psicológico de individuación , que podríamos resumir como el modo en que una persona puede llegar a su realización psíquica, y decía: "la individuación se opone siempre más o menos a la norma colectiva, pues es separación y diferenciación frente a lo general, es formación de lo particular, pero no de una particularidad buscada , sino de una particularidad que ya está basada a priori en la disposición natural" (3). En resumidas cuentas, todo lo auténtico es singular , en cuanto único, particular y opuesto a lo generalizable. Y la situación de un panorama artístico será mejor en cuanto menos general , en tanto su espectro sea más disgregado y mezcla de tendencias distintas, conciliables o no. En lo tocante al campo , en el sentido de Bordieu, de la poesía española, creo que se está ensanchando su contorno, creo que se está reduciendo de forma vertiginosa la idea de centro o centralidad en la poesía actual (salvo en la parte institucional y mediática superior pero esa, poéticamente , no cuenta; sólo tiene algunos efectos sociológicos), y que ese abandono del centro está logrando que desaparezca la idea de afuera de lo poético, de modo que cualquier realismo, irrealismo , racionalismo, irracionalismo, letrismo, sintactismo, sensismo, surrealismo o sismo quepan en un teatro de dimensiones cada vez -y por fortuna- más grandes.
Frío, de Josep M. Rodríguez
Prólogo, de Mateo de Paz
Teselas, de Marcos Canteli
3, de Chus Fernández
Aquí, de José Luis Gómez Toré
Poética, de Pablo García Casado
Un sudario, de Rafael-José Díaz
El síndrome de Diógenes, de José Antonio Llera
Estudio de lo visible, de Mariano Peyrou
Oí a mi alma, de Bruno Marcos Carcedo
El plomo en los estandartes, de Javier Martínez
Construcción (selección), de Vicente Luis Mora
Orientación del sentido (selección), de benito del Pliego
Ojos negros, de Víctor M. Díez
La marcha de 150.000.000 (fragmento), de Enrique Falcón
Desierto de los Monegros, de Jordi Doce
Del paso de los días se deriva..., de Ángeles Pérez López
Fragmento de un poema-río, de Agustín Fernández Mallo
Maternidad, de Juan Luis Calbarro
Siete poemas inéditos del libro Los posos de la sed, de Ricardo hernández Bravo
Una casa en el aire, de Carlos Jiménez Arribas
No somos los últimos, de Fernando Menéndez
Refutación de la elegía, de Eduardo García
[El sol ¿habla?...] , de Eduardo Moga
1. Javier Sampedro, "El fin de la normalidad", El País 07/08/2004. volver >>
2. José Francisco Ruiz Casanova, "De cómo nunca la poesía tuvo que ver con los narradores de su historia", en J. F. Ruiz Casanova (ed.), Singularidad en la obra de Ruiz Amezcua ; Diputación Provincial de Jaén, Jaén, 2006, p. 17. volver >>
3. Jung, Tipos psicológicos ; Edhasa, Barcelona, 1994, p. 537. volver >>
E
n la bóveda del silencio
abierta
bajo el giróstato
se desanda
Atisbo;
el instante deviene
hilillo de grava
de esta madurez perpleja
C
on la saliva
al borde del ahogo
se amarra
la lengua a los puños
S
í, el sueño fue antiguamente un océano
porque nuestros sueños entrañaban sus verdes aguas
y el amor, esa piedra dominante,
pronunciaba sus sabores.
L
a máscara que me rodea,
se asemeja al andrajo que te viste,
al eco de tu espejo,
que sonríe siempre,
como el último hombre,
E
l padre estaba perdido
en un movimiento de la mano derecha
que empezaba por sofocar la frente
y bajaba
llevando la muerte al hijo en una línea recta,
R
eaalidaades dee laa meente: Corazón azul
Ma loz ne us onumel dol Ceulo
Lo bruse vergun us lo ospeda qoa ma elvodu o llero
Emur enstuntos qoa an ul mor mu antourru
Purqoa locher ne duba
R
evuelve su nombre como pan mojado
Sobre la taza que te ofrece tu madre,
Y remueve esa miga esponjosa e hinchada
Para que se contraiga como se contraen
Los sentimientos una vez que pasa el tiempo.
P
or largo tiempo traté de imitar tus metros y tu estilo
ramas de un sauce que se quiebran y lloran
pero ahora veo que desde tus vestales resurge una esfera plana
y que angelicalmente escuchas una voz muerta y agrietada
es porque has hablado con tus manos y has roto los pergaminos
que encerraban tu sabiduría
E
sposo No pude ver la muerte
Un trágico ulular de sirenas
Me llevó a un punto de ceguera ridículo
La ridiculez de mi alma se extendía
Como el fango en una larga noche de triste llovizna
C
onstrucciones perfectas cayendo en pedazos con la lenta noche mojada en pequeñísimas partículas de océano y nieve, enraizadas como un bosque irreal de cemento que prende y apaga sus descoloridas luces atenuando la miseria en el brillo de la avenida, en la desolada materia de esos autos buscando un pedazo de la flecha divina, y ellas, abrazadas como putas contemplando el devenir soterrado de los fugaces sonidos de las estrellas, soltando palabras con la desdicha de no sabernos inmortales, y sin embargo cayendo desde hace años, vertiginosamente en el alcohol quemando las vísceras fértiles en el amor y en el progreso, ellas en el perfil flotando de la luna oculta detrás del caparazón del invertido cielo, arañando sus lágrimas que envenenan los centímetros de podredumbre, minuciosamente en los linderos de la noche, y cuando más se sumerge en la visión celestina.
N
unca la muerte sin desdecir su próximo movimiento
Mejor termino la asignación de los peruanos, tal vez merezcan un montaje
una salvación sin decir nada siempre extra mar el lujo el detalle desde las costas
S
uite de la neurosis
y con el húmero y los huesos sepultados
qué me queda sino reír en los panteones
preguntándome si ahí lloran las piedras
S
E TRATA de erigir un monumento a los perros, compararlos
con los dioses que alguna vez crearon de sus vientres la piedra
con la que más tarde habrían de construir su casa.
N
adie sabe por qué la ciudad esconde el lenguaje
oscuro de las aves y los muertos.
T
odo -lógica, matemáticas, ciencia- es tu cuerpo,
esa razón práctica de Kant, que Hegel,
en nombre del Estado, contradice.
A
dinerado, el arte pintaba desde una vieja
y distinguida mansión campestre llena de imágenes fantasiosas.
Angeles y demonios lo acechaban por todas partes,
pérdidas irrecuperables.
Afuera sucedió una guerra y luego otra.
L
a Madre Originaria,L
l principio nadie dijo nada.P
ero este tío mío no era un tío cualquiera. Era mi tío un tío especial. Era un tío vivo y ahora ya no lo es. Era un tío padre, como
deben ser los tíos, y ya no lo es. Era un tío a quien quise sin reserva. Era un tío que, tal vez, me quiso. Huérfano de padre: peor,
huérfano de tío. Sin tino, sin tío. No me fío de una vida sin ti, mi tío.
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A
noche
aprendí que un adiós
lleva acento.
T a n t o
a p r e n d e r,
t a n t o
a p r e n d e r,
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¡¡
Maldita seas!!
Caminas con aires de grandeza
Y sabes que eres otra cosa,
Te crees el centro del mundo
Pero no es así.
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D
IME, ALMA, qué cincel has empleado
para que sea yo tu forma,
qué sombra subyace en mi sombra,
o qué memoria soy, qué invertebrada
conciencia.
¿Has moldeado el aire?
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D
iz-me, homen macambúzio,P
oéticaH
abitación de la abuelaL
a roba, estesa sota el cobert de la galeria,IV
I.
E
A
rmar um tabuleiro de palavras suvenirsP
ara AliciaN
unca te pregunté. Sólo mirabaB
eso unos labios queIII
D
es de la finestra observo la plaça: als plàtansS
om al “museu dell'Opera del Duomo”, a Florència. Anem pujant l'escala d'un temps lent i feliç. De sobte se'ns apareix, solemne, una “pietà” de Miquel Àngel. Una immensa desolació incorpora tots els meus sentits a la seva presència inabastable.É
l, el viajero echó a andar.M
ujeres de contrabando por las cortinasN
o hay vuelta atrás"
el mundo cambiaU
na espiral se acercaC
omo si de un libro se tratase,M
e apego sonoramenteM
is noches de insomnioR
ojoP
or no poder ser tú, y así poder querermeV
iento frío que empañas el cristal,E
l remate final lo pones tú,D
ibujado en el misterio de las dunasJ
á não lembro por que reparei em tiNecesita algún servicio editoria
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