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Noche y día

Lady López Zepeda

Noche y día

. el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen (...
)
Octavio Paz, Piedra de Sol

N

o sé, pero el amor se vuelve un tormento de noche. Me envuelve tu nítida y suave ausencia. Los fantasmas andan al acecho de las almas atormentadas, los muertos se anidan en el sueño de los vivos, los curas y las beatas piden perdón por los pecados cometidos, los parias rondan en las calles en busca de un pedazo de cielo que sirva de cobijo para dormir, los maleficios surten sus efectos al serenarse a la luz de la luna. La penumbra es acompañada por el compás melódico de lamentos y aullidos de perros callejeros, gatos enamorados y gallos que le cantan a la cercana muerte.

Tendida en la cama yace mi cuerpo añejado por el rubor del invierno. El mundo oscila en mi cabeza, un soplo del viento me hace recordar que estoy viva. Espero el alba, espero el rocío pleno, espero tu mirada con la mía.

Llega el día, la esperanza corre a buscar al ser amado. Los miedos se esfuman en un cálido beso, bocas trémulas tras el roce de labios que esculpen perlas de río, brazos que se anudan a la angostura del desierto, manos que delinean tu estrecha cintura. La locura desbordada en una pasión, el reencuentro de los rostros que se reconocen y reinventan, miradas fulminantes que se pierden en una metáfora. Barro, fuego y sal.

¡Una entrega, un te amo, es una bendición contar contigo!

El conjuro de la noche

I
La noche está de mi lado, es la noche de la magia. La luna nueva en el centro del cenit asediada por un ejército de estrellas, sopla el viento del oriente, sube el canto del cenzontle. Huele a musgo, incienso, sal y yerba. Huele a ti.

II
La noche está de mi lado, que no me falta nada. Olfateo al lobo con sus ojos tibios al acecho de mi alma corrompida. Llueve en el desierto jade, ámbar y un corazón en la garganta. Es la hora del ensueño, es la hora del olvido.

III
La noche está de mi lado, luz y sombra se acompañan. Cardo o ceniza bajo la luna clara, a la sombra del árbol. Destierro el vestido blanco de este cuerpo dividido, desabrocho mi piel y unto rosas, sándalo y miel. Es la noche del presagio, es la hora del conjuro.

Arribo a tu voz sin viento,
surco en tus ojos fuera de todo titubeo,
oscilo en tu mirada sin huellas de vacío,
palomas tus pupilas,
luna menguante,
néctar tu boca,
fuego nuevo,
sol creciente,
detengo este instante para que nadie nos vea.
Me pierdo en ti.

Bajo tu piel germinan las caricias alcalinas,
advierto en tu océano la quietud del silencio,
me apodero de tu cuerpo lluvia clara, rancia y muda
soy tus manos, soy tu luz, soy tu ausencia
deshojo tus ramas que anuncian sueños compartidos.
Amanece, que no quede duda,
Desperté en ti.

Hay amores

Hay amores que en la despedida mutilan al corazón herido
con un beso claman desesperadamente una caricia próxima
mancillan de sangre el nuevo amanecer
matan cuando la ausencia está presente.
Hay amores que van con las manos entrelazadas,
sin prisa tras el viento del oriente,
emprenden el camino junto a la luz del sol,
cumplen el sueño de cada noche,
con el surco de ojos conquistan el espacio
y llevan en las entrañas la esperanza perpetua.

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