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Cartas a Tristeza, I

Daniel Reyero

C

omo si de un libro se tratase,
no lo padezco, pero lo siento:
Esa maldición displicente cuando lloras
y cuando sufres, su pútrido y álgido aliento.
Y pienso en la ciudad de las palomas,
en la ciudad de blanco, y asfalto yermo.
Quisiera olvidar de este mundo tantas cosas...
En la ciudad hay gente, y el vacío es eterno;
en verdad, solo con mis palomas,
con su ciudad, - sin la verdad -
muero en silencio.
Y tú niña, no llores, pues en tus ojos veo bocas
sedientas de sangre y sufrimiento.
Tal es el vacío...
Como el que queda en un muerto.
Y pienso en la ciudad de las palomas
para alejarme de ese miedo
y quedarme contigo a solas,
y caer, sin fin, en ti
rodando hasta otro sueño.

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