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Variaciones del atardecer IV y VI

Jordi Valls

IV

L

as olas del mar rugen hasta hundirse
en las entrañas del insomnio, desaparecimos
mas no les importó nuestra ausencia,
hay tantos y tantos y tantos, que el oleaje
abrumó de intensidad a la multitud
y dejaron de preocuparse por nosotros.
No influye en nada que hayamos sido moldeables,
no dormíamos desde la infancia
y juntos manteníamos la hoguera despiertos,
juntos fuimos alguien y conseguimos precedentes,
porque en el fondo tenemos padres
y se formaron con nuestro barro,
latían desde su sombra: primero,
empezaron sus manos a palpar el cuello del útero,
las paredes húmedas y frías de la salida.
Dilatamos y apretamos nalgas y dientes,
nuestros padres aún recuerdan su nacimiento,
los concebimos bajo la hoguera
y hacia la llama surgieron, dormían dulcemente
en el regazo de nuestro pensamiento.
Pertenecemos a su sueño, y en su constante búsqueda
transitaron las olas y dibujaron símbolos
extraños en la arena, desaparecimos sin más,
no dormíamos desde la infancia.
el mar borró las huellas con su rugido incesante,
nos hundimos lentamente enloquecidos de multitud.
En el fondo no existimos, pertenecemos a su sueño,
somos su hambre de esperanza.

VI

El amor es una forma de odio consentido,
una prolongación del egoísmo.
No admito que nadie se interponga
entre mi deseo y yo, la ofuscación
magnetiza el sentimiento opuesto,
pues no siempre crece el musgo
entre las rocas del arroyo,
puede emerger entre la suciedad de la cloaca
y ser objeto de la misma sed.
Tengo la garganta seca, necesito
un magnicidio bien regado de incidentes
sangrientos, ¡A vuestra salud!
Y me despido de ustedes, mi vosotros
insalubre, los encerrados en el cuarto de baño,
incómodos ante la ausencia de papel higiénico.
No se apuren, el espíritu santo huele a victoria,
por eso baja nítido hacia las orillas bautismales
y aunque lo siento, me he bebido el amor de un trago.
Denme la mano sin escrúpulos, yo les creé
y nos creamos mutuamente, estrechemos
nuestro porvenir, sin rencores,
exaltemos el deseo por encima del hombre,
acaso sea la última virtud del amor,
su mejor excusa, evocar la trascendencia
para lograr sin demora, algo parecido a la vida.

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