t
enemos el habla y la aurora
las raíces blancas en el costado de un vaso
el espejo que despierta y espera
en cuanto alguien enciende
la luz del pasillo
tenemos una caja en la que guardamos
la hierba plana y oscura sobre la que rodaba el balón
la mujer que se descalzaba antes de que empezase la película
y metía sus pies entre los asientos de delante
cuyos dedos moviéndose a un lado y a otro
eran pequeños topos que asomaban la cabeza
y medían con los giros de su cuello
el tamaño de su horizonte
en un espacio parecido al espacio
que nos separaba
a mi padre
y a mí
aquella tarde
cuando sus ojos dejaron de estar en la carretera
para estar en los míos (un volante es un mundo
pero no es el mundo pues sólo gira
hasta donde puede girar) mientras mi madre
desde el asiento de atrás intentaba encontrar el sendero
que a partir de entonces podríamos seguir
tenemos el azúcar
disolviéndose mezclándose
descendiendo suavemente hasta el fondo de la taza
(no queremos estar despiertos queremos estar de pie)
la lengua buscando en la encía la muela extraída
por la misma razón que el calor
va de las manos a la memoria
y vuelve con un gesto en el regazo
un gesto que fue también un cuerpo junto al nuestro
y ahora lejos tan lejos de nosotros
regresa cada noche
para traernos unas veces la fiebre
y otras veces su falta
igual que una roca es el sol que cae sobre ella
y la humedad de la arena que yace bajo su peso
pero no se le puede llamar voz al grito
por eso
aunque sea un lamento nuestra música
que no sea un grito nuestro canto
pues del mismo modo
que todo canto
convierte en un nido el corazón
ningún grito devuelve las hojas
a la rama caída
mientras tanto seguiremos así:
escarabajos incapaces de ver el sol que alumbra su camino
ni la sombra que sobre ese camino ellos mismos proyectan
si no hay día
cuando termina la noche
entonces qué hay
septiembre: la sal disolvía la nieve
(tiembla el cuerpo pero sólo porque el corazón
al moverse lo agita)
septiembre: encontramos por fin
los colores y en ellos la luz
era la sangre que le da forma al cristal
qué espero
por qué espero
por qué la espero
cómo pude perderme en un sitio tan pequeño
cómo pude perderla teniendo cogida su mano
en mi tiempo sólo hay tiempo
y recorro cada día la ruta
que lleva de la raíz
a la pulpa de la naranja
(no es blando el suelo
blandos son
estos pies que lo pisan)
un pozo es la distancia que separa
la vena de la garganta el tiempo
que tarda el sonido en cruzar la oscuridad
no hay río sin orillas que lo arropen
ni bosque sin pasos que lo crucen
no hay arena que tenga forma sin arena
ni huella que le deba más al pie
de lo que pueda deberle al agua
no compran hogazas los que duermen solos:
piden los tomates por piezas y no por kilos y llevan
en sus dedos negros lo que falta en el papel lo sé
lo he visto: el reloj tan ancho en los ascensores
y el oído profundo de los ciegos
¿a quién pertenece la carne enganchada en el anzuelo?
¿al animal cuyo mundo es más pequeño que su dolor
o a la mano que tira de él desde lo alto?
la brisa le devuelve a la sábana lo que se llevó la lejía
y bajo cada pisada se escucha el llanto de una madre
digo garabato y ven un puñal quienes entran en sus trabajos
pero ven una fresa quienes salen al recreo
está sucia el agua que mantiene vivas a las azucenas
y hay mordeduras en los dedos que las cortaron
pensad en las ventanas de una ciudad sumergida
los ojos de los niños alcanzados por la lava
y los brazos extendidos de sus padres
y después contened en vuestra lengua la bienvenida
apartad de mis oídos mi nombre y buscad en el barro el clavel
pues toda mano es reencuentro y despedida y cuando la mía se abre
cinco serpientes se arrastran hacia vosotros (vibra la carne
que cubre la infección y arden los dedos que la rozan)
frotad el suelo con la uva
y el cielo volverá a tener el tamaño de vuestros ojos
porque vosotros lo habréis mirado
acercaos venid
dejaos caer sin temor a la caída
posaos en mi corazón igual que se posan en la tierra
las mantas del pájaro abatido
hacedlo
vamos
buscad en mi pecho vuestra almohada
y sabréis dónde guardamos lo que perdimos
entrad en mi habitación
abríos paso a través de la maleza
volcad todos los cajones
subid al desván
y deslizad la cuchilla
entre los labios de las cajas
revolvedlo todo buscad ahí
entre las cosas que ya no nos servían
y no supimos qué hacer con ellas
entre lo que era demasiado pesado para cargar
con ello y demasiado leve para cargar con nosotros
subid entrad buscad entre lo roto
lo gastado lo pequeño lo cojo y lo quieto
buscad ahí lo que necesitéis para esta noche
y os pueda hacer falta por la mañana
convertid la memoria en una fuente
y no ansiéis esperanza bajo el párpado
(una pequeña gota no cabe
en un cuenco tan grande)
son cuerdas
las cuerdas de la guitarra
has vuelto
ve
háblales de mí
diles que es más resistente el tronco que los cimientos
que las ramas oscurecen el techo de los coches
pero ningún coche extiende su sombra sobre las rosas
diles quién eres en los pulmones del músico
y háblales del silencio que nos envuelve
en cuanto pasa la página igual que la paloma
sujeta durante demasiado tiempo a la cornisa
no puede comer mientras camina
ve
y diles todo esto
cuéntales es tu turno
eres el dueño del miedo que se instala en el corazón de los navegantes
el correo de los bosques por cuyos rincones extiendes la amenaza
llevas la luz al oído de los que duermen
y compartes con nosotros el sufrimiento de las bestias
eres la voz de los que se perdieron
conviertes el alma de unos en alimento de otros
dependes del baile y de ti dependen las distancias
estrechas las manos del llanto y la furia
tuyo es el destino del fuego
ve y díselo
yo sigo aquí
te escucho
te veo
en el techo
y en la pared
de esta habitación
si nuestros pies fuesen más largos
serían más cortos los caminos
si nuestras manos fuesen más grandes
serían más pequeñas las ciudades
abrimos un mapa y son hebras nuestros vínculos
cerramos un mapa y anochecen tres cuartas partes
de nosotros mismos
un brote es un límite
(burbuja que asciende
forcejea y se evapora)
pero también un límite es un brote
(quién no quiere irse
y quién no quiere quedarse
quién no intentó sumar su voz
al rumor de este río
quién querría saber
lo que otros sabían
y ahora sabemos:
que nada hay
más que esto
y de esto
sólo quedan
los nombres
y los huecos)
otros vendrán
y escribirán su nombre
con el polvo de mis huesos
eso es para mí la verdad
Chus Fernández (Oviedo, 1974). Autor de Los tiempos que corren (Premio Asturias joven de narrativa, 2001, Trabe, 2002), Defensa personal (Premio Tiflos de novela 2002, Castalia, 2003) y la pieza teatral Puedes correr conmigo (Premio Explora 2005 de teatro breve). Incluido en las antologías Golpes (Ficciones de la crueldad social) (DVD, 2004), Viento de cine (Hiperión, 2002), Cuentistas (Zigurat, 2004) y Material inflamable para manos incendiarias . Editor del fanzine Material de desecho . Tras una estancia de dos años en la Residencia de Estudiantes de Madrid como becario de creación, actualmente disfruta de una beca de creación artística, concedida por Cajastur, en Barcelona.
Narrativa | Dossier | Poesa | Crtica - reseas | Reflexin/debate | Entrevistas | Ensayo - arte | Corresponsalas
Necesita algún servicio editoria
En Paralelo Sur Ediciones SCP tenemos la experiencia y el conocimiento que usted necesita para hacer realidad su proyecto editorial. Ofrecemos servicios de edición de libros de prestigio, catálogos, memorias, etc; servicios de autoedición; redacción, corrección y traducción de textos; y talleres y aulas para compartir nuestro conocimiento y el de nuestros colaboradores. Consulte nuestros servicios personalizados en función de su perfil o de sus necesidades concretas. Díganos quién es y qué necesita y nosostros le ofreceremos soluciones específicas para su caso concreto.