1.
E
l curso del arroyo no se nutre de un flujo de montañas, ocultas por el bosque inexistente. El curso del arroyo surge de un flujo de laderas que desaguan la hiel de sus torcidas construcciones sobre regueros de fango. Regueros y riberas se espesan de vertidos y la tierra corre sobre la tierra dejando su rastro sobre colinas y pendientes.
Ramas de acacia teñidas de hollín entierran su cuerpo insepulto. Bajo una flor azul de bolsa plástica un zopilote piensa la lección de Heráclito, y la ensucia al sacarla del pico que rasca las plumas del río.
Declives, mercados, estadios de fútbol, laderas goteando el arroyo que dicta su lección irrepetible.
2.
Erguidos sobre el borde de la carretera exhiben algo como bandera que no es camisa ni misión ni fe ni discurso, sino necesidad y acto. Por eso no flamea: acumula flacidez sobre un mástil de dos brazos; cabeza y cola penden muertas.
Victoria: sus recortes verdes arden; al acantilado no llegará el trabajo, una sandalia corona las cresterías.
Victoria: en el borde de la carretera dos cipotes venden una iguana.
3.
Una lata oxidada, un zapato lavado por las lluvias, una bolsa enredada en la hoja de palma, una hoja de palma prendida a una cerca de espino.
Pace una vaca con el volcán entre los cuernos, enajenada en la rumia. Bajo el techado de chapa desconcha los cocos el machete y pule el tronco en que se clava; hierve el balde con brasas de paciencia y el calor reseña un nuevo cerco en la camisa.
Un pick-up cruza mostrando su cazoleta de reses degolladas. Alza la muchacha su vista y del otro lado la vaca no muge, no piensa; suelta el machete; la montaña y el cielo la miran. La vaca sacude su testuz, prende en el giro la imagen de alguien que sale; sigue pastando.
4.
Intestino que amasa el día y engulle la ciudad: escalones, aceras, carros, sombreros, vendedoras y cambistas. Trepa por el tallo, es cadera en la cadera, junto al rostro es rostro y cabello en el cabello. Se despide y rueda por nalgas y pezones; sexos de lodo, manos de lodo, bocas de lodo. En la corriente ellos, ellas, vos. Digeridos, digirientes... igualados, como la escritura iguala al mundo en sus palabras; palabras de lodo, mundo de lodo.
Benito del Pliego (Madrid, 1970). Reside desde 1997 en esta ciudad y en Boone, ciudad universitaria en los Apalaches de Carolina del Norte, Estados Unidos. Fisiones , su primer libro de poesía, se publicó en Madrid en 1997 dentro del proyecto Delta Nueve , del que también forman parte Andrés Fisher, Pedro Núñez y Rodolfo Franco. Alcance de la mano , apareció un año después en Nueva Orleáns. Una versión muy modificada de esta serie de poemas, titulada Merma , permanece inédita. Índice , recibió el Premio Internacional de Poesía "Gabriel Celaya" (Valencia: Germanía, 2005). En junio de 2001 se presentó en el High Museum of Art de Atlanta, un poema sinfónico compuesto por Gustavo David Pineda en base a los poemas del libro. Premio de Poesía Experimental Ciudad de Badajoz 2003 por el poema-objeto "Tradición literaria", esta vertiente de su poesía ha sido recogida en Todos o casi todos. Antología de poesía visual, experimental y mail-art en España (Palencia: Cero a la izquierda, 2004). Fue incluido en la antología La voz y la palabra (Madrid, 2000). En el otoño de 2007 aparecerá en Madrid un nuevo poemario titulado Fábula.
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