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Una casa en el aire

Carlos Jiménez Arribas

Carlos Schwartz

Y

a nadie engendrará a sus hijos sobre mi cabeza y sólo el pájaro compartirá conmigo el cielo, su parte alícuota de cielo. Los imanes de la lluvia alzan su piel metálica en mis tejas y el aire ciega en transparencia los cristales. El camino que lleva hasta mí me sobrepasa, van más allá mis pasos. La luz prendida en mi ventana da rigor al mundo y es condición aérea de la realidad: yo no te veo, y tú no ves que pasas, aire, por mi casa.    

La arborescencia de la forma funda el yo y lo ramifica en su sintaxis. Vivía incrédulo y carente en el idioma, esclavo en la articulación. Pero ascendí mi propio zigurat, siempre a un espacio aún más alto. No tuve miedo a la montaña que creció dentro de mí como un presentimiento. Miraba el mundo en piedra, capaz y contenido, como un ojo, sobre la palma de mi mano. Mi voz se hacía oscura en esa piedra, era más cántico, más piedra. Fue luego el aire: su vértigo en la ascesis, su blancura en el color.    

Soy de la condición del demiurgo: el dios que crea para no habitar la casa de otro ser. Pongo el alambre en pos del muro, el tiempo en lo horadado del espacio. Y crece mi semilla en el hogar. Frente a la voz atormentada de otro dios, señor del trueno incomprensible, yo soy el dios de frágil báculo que escribe estas palabras en la arena. El dios que sabe escaso el don y mágico el oficio: el trazo delimita y sólo así da vida.    

De la historiada faz hacia la cúpula, por las escalas del color hacia la transparencia. Busco una casa para el ser, pongo semillas, núcleos, yemas de digitación futura en mi alambique: una casa en el aire. Tuve cinco vocales en el tiempo del reclamo y la carencia. Pero mi cuerpo se hizo música trenzada en otras bocas. Alfa y omega: desde el umbral al patio, en la casa del ser, germina mi alfabeto.

Fábula restrospectiva de su matrimonio

Fassbinder

Nuestra conciencia cojea detrás de la realidad. O bien anda impedida por la pierna atroz del grito, algo que siempre escucha tarde el testimonio de la voz y fuerza su resorte a ser tan sólo un eco insuficiente. Problemas de conciencia. Entre la luz y el sueño, el movimiento es lo soñado de una pierna antes de adelantarse a la cadera, antes de flexionar el pliegue del espacio en la extensión del tiempo. ¿O era al revés? Una mujer creía que ella iba por delante de la realidad, en hora altiva, y se curaba su Platz-angst con los vapores del alcohol, fiel en el acto de volar alimentando un vicio que ha heredado tarde y la ha llevado lejos. Y fiel al fin al tiempo y a sí misma.

Marina

Robert Frank

Wo words, I said, y al fondo el mar me daba un aire inquieto. Dejé colgada una palabra en el cordel del horizonte y descendió hasta el mar con la conciencia. Wo words, I said, la mano al fin sobre las alas de la tarde abriéndose, la luz acompasada a la voracidad del mar contra el acantilado y cima de almidón sobre las rocas. Wo words, I said, y esa palabra no anulaba el resto.

Centauro

Absortos en la luz que tú esculpías, no supimos precisar en qué momento amenazaste con parar la rueda de los brazos y el tambor de los tobillos para arder en la conflagración que diera paso a un gran silencio. Pero llegó la leve inclinación de tu cabeza sobre el torso liberado y comprendimos que eras otra vez el bailarín y habías sido, en el fragor del vértigo, la danza.

Bibliografía

Carlos Jiménez Arribas (Madrid, 1966). Ha publicado poesía, relato y teoría/historiografía literaria, ha editado y coeditado antologías de poesía y poetas contemporáneos, y traducido a W. B. Yeats, a Robert Browning y a R. W. Emerson.

 

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