Está en: Portada > Rolando Hinojosa > Prensa > Dossier de prensa> Artículo aparecido en el diario ABC (España, 29 de septiembre de 2007), en La Opinión (Los Ángeles-California) 30 de septiembre de 2007 y en La Jornada Semanal (México) el 24 de junio de 2007

Artículo aparecido en el diario ABC (España, 29 de septiembre de 2007), en La Opinión (Los Ángeles-California) 30 de septiembre de 2007 y en La Jornada Semanal (México) el 24 de junio de 2007

El Cervantes para Rolando Hinojosa
por Ricardo Bada

No pienso polemizar repitiendo que el Premio Cervantes se convierte a veces en una rebatiña gobernada por intereses extraliterarios. Y mucho menos pienso polemizar repitiendo que el Premio carga con un pecado original, que es el de la alternancia: los años pares un autor español, los impares uno ultramarino. Dicho sea en lenguaje cuartelero: el que manda manda, y cartuchos al cañón. O en otras palabras: como España dota el premio, tiene la sartén por el mango ("y el mango también") y se irroga el privilegio de otorgarse un Cervantes cada dos años. Cuando en rigor de verdad, tanto por demografía como por calidad, le correspondería nada más que uno cada lustro... o cada década. Pero no quiero polemizar.

[Aunque lo más curioso es que los peninsulares discriminan además entre ellos mismos: los 17 galardones autoadjudicados desde 1976 se distribuyen entre nueve escritores castellanos, cuatro andaluces, dos gallegos, un santanderino y un asturiano. No es necesario mirar el mapa de España para darse cuenta de que además de Euzkadi, Baleares y Canarias, faltan Murcia y el reino de Aragón en pleno, y sobre todo Cataluña, con sus dos Juanes mayores: Goytisolo y Marsé. Para más inri, y sin insistir en los ninguneos citados más arriba, el análisis del palmarés Cervantes arroja ausencia clamorosa entre los ya muertos (José Angel Valente, Juan Rulfo, Julio Cortázar), así como ausencias o ninguneos igualmente clamorosos entre los vivos, eso para no hablar de las escritoras. Pero en fin, peor es continuallo].

El alto diapasón inicial, con Jorge Guillén y Alejo Carpentier, se interrumpió tan pronto como el cuarto año, en 1979, con una nota falsa: la división del Premio entre Jorge Luis Borges y Gerardo Diego, que es algo así como si premiásemos retrospectivamente ex aequo en el siglo XVII, con un galardón homologable, a don Miguel de Cervantes y a doña María de Zayas

y Sotomayor. Y a quien me retrucase que después de todo Gerardo Diego era uno de los miembros más destacados de la generación del 27, podría yo replicarle que doña María, aunque hoy olvidada, fue una excelentísima escritora, elogiada por Lope de Vega y apostrofada como "la décima musa de su siglo", amén de ser una avanzada de la literatura erótica de orientación feminista: y ello nada menos que en ese lejano siglo XVII.

Sea como fuere, y ajustándome a esta política pendular que parece dar la hora de los premios, supongo que el sucesor del gran Antonio Gamoneda deberá venir del otro lado del gran charco y me pregunto que por qué no del lado más septentrional del mismo. Sí, de los Estados Unidos.

En la Enciclopedia del español en el mundo, editada entre otros por el Instituto Cervantes, las cifras cantan: se evalúa en 41.3 millones la población latina de este país (cifras de julio 2004, que ya deben estar más que sobrepasadas), y en seis millones el número de estudiantes matriculados en idioma español en su enseñanza pública y privada y en el propio Instituto, "y el mercado", según puede leerse en esa Enciclopedia, "está muy lejos de su saturación: por lo visto, hay todavía una posibilidad de crecimiento de hasta un 60% más. (...) Las consecuencias de esta contabilidad, sin duda, imponen un ejercicio de responsabilidad".

Y esta es, creo yo, la frase clave: esa responsabilidad, a mi leal saber y entender, incluye el reconocimiento de una literatura escrita en el peculiar español de los EU, y entre ella, sobre todo, de la literatura chicana. Y a título muy personal, pero que quisiera ver y saber muy avalado por todos aquellos a quienes se les llena la boca hablando del futuro del español como segunda lengua en los Estados Unidos, yo les sugeriría que apoyasen la candidatura de Rolando Hinojosa al Premio Cervantes 2007.

La trayectoria literaria de Rolando Hinojosa es de tanto calibre que solamente cabe llevarse las manos a la cabeza al constatar que un narrador tan grande, tan fabuloso, "tan rico en aventura", es gloriosamente desconocido fuera de su público estadounidense (y algo en México), y de los medios académicos de todo el mundo que se han especializado en literatura chicana. Para ellos, el nombre de Rolando Hinojosa es un santo y seña, el patriarca de esas letras, el fundador de un territorio mítico, El Valle, que en los propios Estados Unidos compite con el Yoknapatawpha de Faulkner, y en nuestro mundo hispánico se echaría un pulso con Comala y Macondo.

No sé si tiene mucho sentido enhebrar aquí, como perlas de un collar, los títulos de sus libros: Estampas del Valle y otras obras, Klail City y sus alrededores (que fue Premio Casa de las Américas 1976, cuando ese premio significaba algo), Mi querido Rafa, Claros varones de Belken y last but not least -como decimos los puristas- Becky y sus amigos. Wolfgang Karrer, un profesor alemán especialista en esta obra, ha llevado a cabo un censo de los personajes que pueblan El Valle, y su número se acerca al millar. Es un mundo lleno de savia y de vida, de gracia narrativa como muy pocas veces le ha sido concedida a un narrador de nuestro idioma: a Galdós tal vez, tan amado por Hinojosa.

Me limito aquí a tirar la piedra sin esconder la mano. Ahora son los especialistas quienes tienen la palabra. Pero pocas veces se la podrán otorgar con tanta justicia, al otro lado del gran charco, como a quien ha izado tan alto en el mástil la bandera del español en los Estados Unidos.

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Mi querido Rafa
Rolando Hinojosa
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